Napoleón, la revolución cultural

    En el inmenso terreno de la historia humana hay pequeñas, medianas y grandes huellas. Algunas de estas huellas todavía exhalan el olor de tierra mojada, el tiempo no ha llegado a secarlas. La huella del corso, Napoleón Bonaparte es una de las grandes y de las que todavía se sienten en el aire por lo intenso que vivió su vida, por el ímpetu y convicción que se entregó a su causa.

    Sabemos que nació en Córcega en el año 1769. Su padre trabajaba como abogado y luchó por la independencia de Córcega. A temprana edad y con la subvención del rey de Francia, empezó su carrera militar en Brienne y luego en la escuela de París, siendo que a los dieciséis años terminó sus estudios y sirvió en un regimiento de artillería con el grado de teniente. En una batalla contra los Ingleses, tras una inteligente estrategia a la hora de distribuir los cañones, Napoleón mostró su vocación militar, sus superiores la reconocieron y con tan sólo veinte cuatro años fue nombrado general de la Coalición Francesa por la fundación de la república. Desde este momento se vistió la camiseta de la revolución y sus ideales visibles influencias iluministas: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

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    La revolución que se daba en Francia era  una reacción contra la iglesia y la monarquía quienes gobernaban de forma déspota y sin tener en cuenta el pueblo que se moría de hambre mientras en los hoy turísticos palacios parisinos se promovían las más lujosas (con todo lo que la palabra contiene) cenas y bailes. Tan empeñados en satisfacer sus deseos estaban que se olvidaron  de que el pueblo debido a su fuerza numérica tiene bastante poder. De este hecho se dio cuenta la burguesía afanosa de tomar el poder y porque no, mejorar la situación del país con la implantación de la República. En este escenario de lucha y cambios la figura de Napoleón fue definitivamente fundamental para concretar la revolución. Napoleón parecía ser y sus hechos demuestran que era hombre con conciencia de estado, que pensaba en el bien de su país, Europa y el mundo, eso sumado a su capacidad de conquista bélica resultó en el triunfo de la revolución.

    El 19 de noviembre de 1799, después de haber conspirado contra la monarquía, Napoleón y sus compañeros tomaron el poder del gobierno Francés y formaron un nuevo régimen, el Consulado, siendo Bonaparte el primer Cónsul hasta que en 1804 se proclamó Emperador. Como todos los hechos históricos, existen muchas fechas, nombres e interpretaciones, lo que casi en la mayoría de los casos hace del estudio algo difícil. Centrémonos pues en los cambios más visibles y significativos de la revolución encabezada por Napoleón, la expedición a Egipto y el Código civil Francés o Napoleónico.

La expedición a Egipto:

“No puedo decirles adónde vamos, pero sí que es un lugar para conquistar gloria y saber”

    Con la finalidad de cerrar el paso a los británicos a las Indias, el día 19 de mayo de 1798, en el puerto de Tolón, costa mediterránea de Francia, Napoleón como general de las tropas francesas, al mando de 38.000 soldados y 16.000 marinos a bordo de 300 navíos y 154 científicos, se entregó a una aventura en busca del saber, la campaña fue desastrosa; los únicos vencedores: “los sabios”.

    Las campañas militares cayeron prácticamente en el olvido frente a los grandes descubrimientos artísticos y históricos como los de por ejemplo Dominique Vivant Denon, director y fundador del Louvre autor del libro Viaje al Bajo y Alto Egipto, en el que narra su travesía por el Nilo en la que descubrió para occidente Tebas, Karnak, Luxor y Asuán.

    El 22 de agosto de 1798, Napoleón Bonaparte funda en El Cairo el Instituto de Egipto, organizado en cuatro secciones, cada una de ellas con 12 miembros: Matemáticas, Física, Economía política y Literatura y artes. Fue el centro de operaciones científicas desde el que los científicos descubrirían en septiembre del mismo año la meseta de Guiza, con la Esfinge y las Pirámides, las cuales se encontraban cubiertas de arena. Se dice que después de quitar buena parte de la arena que cubría dichos monumentos, Napoleón que había pedido para excavar la gran pirámide justo donde en esta se encuentra una puerta, pasó una noche a solas dentro de la misma.       

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    En este instituto se mantuvo guardado otro gran hallazgo de la expedición, la piedra de Rosseta, en la que se había escrito el mismo texto en tres lenguajes distintos (jeroglífico, demótico y griego) lo que le permitió a Champollion treinta años mas tarde descifrar el lenguaje jeroglífico. Con el retorno de Napoleón y sus tropas a Francia, el instituto de Egipto y sus miembros no contaban con protección, pero aún con la invasión turca y británica estos pudieron continuar su labor, sin embargo los británicos les arrebataron muchos de “sus tesoros”, entre ellos la piedra de Rosseta.

    Esta expedición dio vida a la egiptología, ciencia que hoy cuenta con cientos de cátedras en las universidades de todo el mundo y miles de profesionales y aficionados, fue el primer paso de la revolución cultural que promovió el militar corso.

El Código civil Francés:

    Palabras de Napoleón: “Somos una nación con 300 códigos de leyes pero sin leyes”. Era urgente realizar una reestructuración de las leyes del país para mejorar el sistema jurídico y acabar con muchas injusticias lícitas de la época de la monarquía. Para ello nada más asumir el gobierno de Francia, se publicó, con la aprobación de todos los miembros del consulado el Código civil Francés, la versión siglo XVI del derecho natural romano o Ilus Gentium.

    Este código, es la verdadera revolución.

 – Dictaba igualdad ante la ley, independiente de la clase social, credo, sexo y raza.

– Libertad de culto y el laicismo del estado.

– Se abolió el feudalismo y la servidumbre y se adoptó la libertad de trabajo.

– Todos los ciudadanos, sin distinciones, adquirieron derecho a la enseñanza secundaria y se montó un centro administrativo escolar para garantizar la calidad del programa de estudios en todas las escuelas del país.

– Se aprobó el derecho al divorcio y a la adopción. El matrimonio dejó de ser religioso y pasó a ser laico y fundado en el contrato. Aunque se permitían las viejas tradiciones, pero sin la protección de la ley.

    Estas medidas fueron las responsables  del cambio social que representó la revolución, debido a que quitaban muchos derechos y privilegios al clero y a la nobleza. El pueblo, libre de los señores feudales, cobraba por su trabajo lo debido lo que resultó en el crecimiento de una nueva burguesía, más curiosa y abierta a lo nuevo, responsable más adelante de la promoción de las artes e investigaciones que liberaron Europa del oscurantismo que había estado intentado salir desde el renacimiento.

    Cabe complementar que siguiendo el modelo romano, Napoleón al sumar nuevos territorios al imperio Francés, aplicaba este mismo código. De manera que desde España hasta Austria incluyendo la península itálica todos los gobiernos deberían ofrecer los derechos del código civil Francés a todos los ciudadanos. En cada estado del imperio se construyeron institutos destinados a las artes y las ciencias al mismo tiempo que fueron financiados los trabajos de los investigadores, lo que representó toda una revolución, esta vez cultural, en Europa. En España, la libertad de culto y el laicismo del estado no fueron aplicados, probablemente porque en este país en esta época se encontraba el verdadero poder de la iglesia, oro y todas las colonias latino – americanas.

 

“Mi verdadera gloria no consiste en haber vencido 40 batallas; Waterloo borrará el recuerdo de tantas victorias. Lo que nadie borrará, aquello que vivirá eternamente, es mi Código Civil”.

    Si el universo es mental, como afirma la Cábala y la ignorancia es la responsable de todos los males de la humanidad, como afirmaba Platón, ha sido acertada la apuesta de Napoleón en promover no solo la justicia sino también la cultura, ya que de esta manera las personas tenían su mente bien ocupada estudiando la rica tradición humana y además apartando las tinieblas de la ignorancia de sus corazones.

Rafael Gonçalo

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