Archivo de Julio, 2009

La torre de Canyamel

 

    Sola, alta y protectora, se eleva en tierras mallorquinas una torre medieval de defensa. Extiende su vieja mano sobre el fértil valle de Canyamel. Edificada en el siglo XIII, de estilo gótico, su nombre primitivo era “Torre d’en Montsó”, sustituido por Torre de Canyamel, al establecerse cultivo de caña de azúcar en la segunda mitad del siglo XV.  No es una torre emblema del feudalismo medieval, del dominio de los señores, sino un recuerdo de las antiguas funciones de refugio y defensa que los caballeros mallorquines juraban al servicio de su pueblo frente a los corsarios del mediterráneo. En el siglo XII se contarían por un centenar los caballeros que guardaban la isla de Mallorca. Se dice que la costa mallorquina tenía un efectivo sistema de comunicación que permitía comunicar mediante señales luminosas los peligros que se avistaran y así protegerse y defenderse de las asechanzas que los vientos marinos acercaran a la tierra. Algunos historiadores opinan que esta Torre es de la época de dominación islámica, aunque parece más cierta la datación de los primeros tiempos de la conquista de Mallorca por Jaume I de Aragón. Como el terreno lo permitía, su forma no se adapta al risco montañoso como en las torres pirenaicas o europeas, es un cuadrado perfecto de 16′50 metros de lado. Las restauraciones que se han efectuado han respetado la estructura original de la torre, eliminando aditamentos, tanto interiores como exteriores, pues durante sus más de 700 años de vida había sufrido numerosas alteraciones, añadidos, remodelaciones… La torre original debía ser más pequeña que la actual, quizá semejante a la que hay hoy dentro del Castell de Capdepera, la “Torre d’enb Nunis”. Para una defensa más fácil se preferían las construcciones en los lugares más inaccesibles, los más buscados eran los salientes de las montañas. Pero en las zonas llanas que no se podía ofrecer una posición de este tipo, se debía solucionar el problema con fosos de agua como protección del castillo, o como en esta Torre que, en sus orígenes, se accedía al interior del recinto por la fachada principal, la que da al mar, mediante una escalera móvil y a través de un portalón situado a dos metros de altura. A la altura de esta entrada, en el interior, arranca una escalera de caracol que conduce la planta principal. La idea general que se tiene del castillo medieval incluye una muralla y una torre, cerca de la tercera parte de los castillos tenían una torre principal, la torre del homenaje. Además estaba el edificio de los aposentos, la gran sala o alcázar, mayoritariamente junto a la muralla, y otros edificios menores.  Al ser una fortaleza más que un castillo propiamente dicho, su estructura difiere bastante, la Torre de canyamel consta de tres plantas, y sobre la cubierta se levanta un torreón central, de manera que el conjunto se eleva hasta una latura total de 23 metros. La fortaleza consta de tres plantas. La planta baja, con una altura de 7 metros, está construida con muros de argamasa, barro y piedras de un metro de grosor. Dicha planta esta dividida por dos paredes que forman tres naves, y el techo está soportado por cuatro grandes arcos ojivales. Originariamente los techos se formaron con un entramado de vigas y cañizo, hasta que se construyeron bóvedas capaces de aguantar el peso de la planta principal que, cuando hubo desaparecido el peligro de invasiones, se convirtió en un almacén de grano de la finca. Para la ejecución de estas bóvedas se tuvieron que construir arcos más pequeños, y todavía pueden apreciarse los originales. En cada fachada de laTorre existen seis aspilleras de defensa. La planta principal tiene unos muros de un grosor de 70 cm, frente al de metro de la planta baja. Se divide esta planta en tres departamentos que se comunican a través de tres puertas iguales hacia la nave trasera. De esta manera, si la planta baja caía en manos enemigas, se retrocedía  a la planta primera y los defensores cerraban, sucesivamente, las puertas que aseguraban con gruesos barrotes transversales cuyos extremos se introducían en los huecos practicados a ambos lados de las puertas. En esta planta ya existen ventanas, dos mayores en la fachada principal. Todas las ventanas están flanqueadas a ambos lados por una aspillera. Unas grandes ménsulas al lado de la puerta que da al exterior, indican la posibilidad de un puente de enlace con otras construcciones ya desaparecidas. Superado el destino defensivo del edificio esta puerta se utilizó para entrada del grano cosechado. No se aprecia vestigio alguno de comunicación con el piso superior, ni de acceso al torreón central. Es de suponer que el tránsito a las partes más elevadas de la casa fortaleza debía realizarse también mediante el uso de escaleras levadizas, de madera o cuerda. En la planta superior o cubierta, era donde tenía lugar la última defensa, con las armas que existían en el siglo XIII y XIV, espadas, lanzas, ballestas, hondas,arcos. Sobresale la torre central o torre del homenaje, refugio de la fortaleza, que cumplía una eficaz función de vigilancia, dado su dominio sobre el valle y la comarca de Artá, Capdepera y Son Servera. Desde lo alto del torreón se divisa al este, el Cap Vermell, con su atalaya de vigilancia; al Sur, la bahía de  Canyamel; al Noroeste, la Ermita de Sant Salvador de Artà; y al Noreste la colina donde se asienta la villa de Capdepera, la vista se completa con un buen lienzo de mar.  En plena Edad media había en Europa entre 25 y 30.000 castillos y torres, un número increiblemente elevado. Castillos, torres y grandes iglesias se edificaban con vocación de permanencia, y como muestra del poder temporal y espiritual. Pero el inexorable tiempo transcurre, y lo que hoy es inalterablemañana será barrido por las nuevas formas. Los castillos perdieron importancia debido a la invención de las armas de fuego y la decadencia de la caballería en el siglo XV. A partir del 1500 ya no se construyeron más castillos, y los que existían se convertían en palacios o en casas de labor como la torre de Canyamel, y así…. ….Cuenta la leyenda que la Torre de Canyamel mientras respresentó su función de defensora de Mallorca, jamás fue tomada por los invasores, quienes no conseguían sorprender a los guardianes de esta fortaleza.

Sara Ortiz   

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El Agua

 

    Las leyes que reglamentan la depuración de aguas incrementan la necesidad del tratamiento de aguas de alcantarillas de comunidades cada vez más pequeñas. El tratamiento mas corriente de aguas es el de la depuración aeróbica. Este tipo de depuración se ha impuesto en los países mas avanzados, sobretodo en aquellos de clima templado o frío para comunidades grandes y medianas. Las comunidades pequeñas en países donde existe la posibilidad utilizan el lagunaje, en muchos casos anaerobio-aerobio, En países o áreas donde la temperatura del agua de alcantarilla no baja de 14 ºC se puede lograr la depuración anaeróbica rápida en lechos suspendidos (UASB) con pulido aeróbico si necesario. Estas plantas se han implantado ventajosamente en Colombia y Brasil; En este ultimo país se dispone de diseños estándar para poblaciones pequeñas. Aparte de que el proceso anaerobio produce un 85% del volumen de lodos comparable a una planta aerobia, hay una economía suplementaria al incorporar la separación primaria y secundaria en el mismo reactor. Volveremos sobre el tema en otro momento.

      Los lodos de depuradora de aguas residuales son el producto directo de la eliminación de la contaminación de las aguas. En general son de dos tipos, los que se retiran sin transformación y los que se producen por la transformación de la contaminación. Entre los primeros se cuenta con los sólidos gruesos y grasas separados en los sistemas de rejas y separadores gravitatorios de entrada y que por lo general son sólidos de eliminación fácil. También entre los sólidos que se separan sin transformación se debe contar con los sólidos de los clarificadores primarios y por la naturaleza del tamaño de partícula retienen el contenido bacteriano activo de las heces y productos en descomposición. Los sólidos generados por la transformación de la contaminación orgánica son la biomasa generada en exceso por el sistema. Estos sólidos creados por el proceso de transformación son de carácter microbiano (bacterias, protozoos, ciliados, rotiíferos, etc) que presentan características bacteriales activas.

     El manejo de lodos en plantas aerobias de gran tamaño es conocido. Los lodos se pueden digerir anaerobicamente y luego espesar. La digestión se utiliza como medida de reducción de volumen y estabilización biológica. Algunas plantas disponen del lodo (digerido o no) mediante espesamiento por centrifuga con posterior secado o incineración, según los casos. Como los lodos acumulan metales pesados el inconveniente es que el proceso de incineración puede no ser viable en pequeña escala por emisión incontrolada de dioxinas y de metales pesados a la atmósfera.

      Otras vías de la eliminación de lodos digeridos es su maduración y aspersión agraria o su estabilización con cal y espesamiento para enterramiento sanitario o secado y estabilización para utilización agraria.

      Las plantas de comunidades pequeñas no tienen la capacidad de manejo de sistemas complicados y por lo tanto han de seleccionar sistemas de manejo fácil o iniciar sistemas regionales de tratamiento de lodos. Veamos aspectos concretos de varias opciones de eliminación de lodos para esas plantas.

 ASPECTOS DE LA ASPERSIÓN AGRARIAS

     Alrededor de la mitad de los solidos que se manejan en una depuradora son lodos biológicos (tambien conocidos como bio-masa o lodos activados). La bio-masa es un producto rico en bionutrientes tales como nitrógeno y fósforo. Los lodos biológicos una vez tratados (por digestión anaerobia) son fundamentalmente solidos favorables al medio ambiente y buen fertilizante agrícola.

      No obstante, la bio-masa activa en los reactores de depuración tienen la capacidad de acumular compuestos químicos y metales. Estos últimos son la razón por la que la aplicación de lodos debe ser controlada. Los bio-solidos de una ciudad con baja actividad industrial aun contienen Cadmio, plomo, cobre y zinc, que son por lo general de origen domestico y de la industria de servicios. El nivel determina la aplicación de biosolidos y su frecuencia. En una ciudad como Calgary (Alberta), pese a su carácter marcadamente no industrial, la aplicación de biosolidos es recomendada en forma cíclica con un periodo de aplicación de una vez cada tres años. De aquí la importancia de tener programas de recogida de materias toxicas tales como pinturas, aceites, disolventes, baterías y otros.

 

Sara Ortiz

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El Bhagavad Gita para todos

 

    El Bhagavad Gita es un episodio de un libro de la mitologia hindú, el Mahabharata. El Mahabharata que significa “la gran batalla de los Bharata” narra la guerra entre dos bandos de una misma familia que luchan por reinar en la Ciudad de Hastinapura. El Bhagavad Gita cuenta cuando que ejércitos, el de los Kurus y el de los Pandavas están dispuestos a comenzar una guerra y Arjuna uno de los guerreros del ejército Pandava se cuestiona sobre la validez de esta batalla. Entonces pide al conductor de su carro, Krishna que pare el carro en el aire entre los dos ejércitos. Arjuna viendo que en el campo de batalla se encontraban dos ramas de una misma familia, dispuestos a matarse, hermanos, primos, maestros, discípulos y amigos, decide no luchar. En este momento Krishna le incitará a la lucha dando comienzo al Bhagavad Gita, la “Canción del Maestro”.

     Para entender este libro hay que descifrarlo, pues la literatura hindú está repleta de simbolismo.

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     ¿Por qué luchan los Kurus y los Pandavas? Por la ciudad de Hastinapura. Hastinapura es la ciudad de la Sabiduría y fue muchas veces traducida como la ciudad de los elefantes, ya que para los hindúes el elefante es símbolo de sabiduría. Al observar el comportamiento de los elefantes vemos que, a pesar de su fuerza y grandeza, al caminar no interfiere en la más pequeña hilera de hormigas, levanta sus patas para no hacerles daño. Sus ojos son pequeños, así como el sabio que poco atiende a lo que ve del mundo exterior porque siempre trata de ver lo que él y los demás tienen dentro. Sus orejas son grandes, acostumbradas a escuchar. Cuando escucha la llamada de su manada nada le puede impedir de alcanzarla, corre y arrasa lo que encuentra por delante, de la misma manera el sabio cuando escucha la voz de su Yo Superior, no mide esfuerzos para hacerle caso. Con este simbolismo revistieron los hindúes la parte de nosotros que nos hace sabios y inegoístas: nuestra Voluntad, nuestra Libertad, lo más preciado que podemos tener y lo único que es realmente nuestro.

     ¿Quiénes son los Kurus y los Pandavas? Los Kurus son nuestros defectos que nos impiden conquistar nuestros sueños, nos impiden ser libres para tomar decisiones que nos llevarían a realizar estos ideales que sentimos en el corazón pero que no llegamos a vivirlos. En la historia de esta batalla los Kurus gobiernan Hastinapura por trampa y lo que los Pandavas quieren es conquistarla porque por derecho les pertenece. Los Pandavas son nuestras cualidades aquellas que si atendemos nos llevarán a la felicidad y a vivir tal cual alguna vez hemos soñado. La batalla entre estos dos bandos es la batalla que se da dentro de todos nosotros, la batalla entre nuestra luz y nuestra oscuridad, oscuridad que daña no sólo a los demás sino también a nosotros mismos.

     Arjuna es el símbolo de toda la humanidad, de cada persona que quiere superarse, ser mejor. El hecho de tener que luchar le horroriza así como nos horroriza luchar contra nosotros mismos, nuestros vicios, nuestras manías, nuestras ganas de confort y de pasárselo bien a todas horas olvidando que tenemos un ser interior que requiere atención para poder iluminar nuestra vida que aunque llena de quehaceres es aburrida por la falta del brillo de vivencias espirituales. Arjuna es el espectador que ve lo bueno y lo malo, quiere vivir lo bueno, pero el malo todavía le es seductor, todavía tiene la apariencia de amigo, hermano, maestro, porque en algún momento le hizo crecer, aprender pero ya ha pasado esta etapa, necesita dar un paso adelante y esto significa dejar atrás sus antiguas costumbres, tradiciones y creencias. Por eso decide no luchar, porque no quiere ver morir aquello que le ha acompañado por toda una vida. Arjuna como todo ser humano tiene la suerte de poder contar con alguien para aconsejarle, en este caso la encarnación Dios.

      Krishna es para los hindúes un enviado de Dios para guiar a los hombres, que podemos entender también como la voz de nuestro Yo Superior, de aquello que está en contacto con la verdad y que sabe bien lo que realmente queremos para nuestra vida, por eso muchas veces la ahogamos con mucha diversión, pasatiempos y compromisos superficiales, porque escucharla es oír la verdad, es oír que no estamos caminando por el camino que realmente queremos, sino que estamos siendo arrastrados por las circunstancias o sino huyendo de nosotros mismos.

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     ¿Cómo reconocer nuestro Yo Superior? Cuando nos llegan al sentimiento y al pensamiento ideas de amor, de arrepentimiento por los errores, de total inegoísmo, cuando escuchamos palabras que nos avergüenzan por vivir de forma tan contraria a estos valores.

       Sí, indudablemente es difícil actuar de acuerdo con la voz del inegoísmo. Es posible que al principio de la lucha sean más los dolores que las alegrías. Pero al final de ese camino nos espera la Suprema Felicidad: ser nosotros mismos, poner la dirección de nuestra personalidad bajo ese Yo que está naturalmente capacitado para transitar el Sendero.

Rafael Gonçalo

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Dragones “¿Qué hay de nuevo qué hay de viejo?”

 

    Si alguien señalando al cielo gritara “¡un dragón!”, muy probablemente todos (o casi todos) miraríamos hacia arriba ilusionados de poder ver por fin a un dragón de verdad. Sin embargo, es muy poco probable que la advertencia fuera en serio. Los dragones no existen, son fruto de la fantasía mitológica y artística. Solamente en los cuentos los dragones existen, vuelan y escupen fuego por la boca. No obstante, ¿a qué viene este resurgir de los temas de dragones? Los dinosaurios se extinguieron hace unos cuantos millones de años, pero los dragones no han terminado de desaparecer para la gente. ¿Qué tienen de especial, por qué nos atraen tanto?

        En realidad, los dragones sí que existen. Son reptiles homotérmicos, es decir, son de sangre caliente y su temperatura corporal es controlada internamente, lo que les permite adaptarse a diferentes climas y a mantenerse activos tanto de día como de noche todo el año. Su sistema reproductivo es interno, es decir, por fuera es difícil determinar si un dragón es macho o hembra. Los dragones, al igual que otros reptiles y pájaros, ponen huevos. Un ejemplo es el dragón de Komodo.

        Este dragón se creía que sólo existía en las fábulas y legendas que aparecieron el los tiempos medievales. Sin embargo, en el año 1912 se descubrió que era tan real como nosotros. Habita en cuatro islas muy pequeñas de Indonesia: Komodo, Flores, Gili Motang y Rinca. Tres de estas islas son parte del Parque Nacional de Komodo. Es uno de los reptiles más grandes del mundo, llegando el macho a medir 3 metros y pesar aproximadamente 90 kgs. Y la hembra mide 2 metros y pesa 45 kgs.

        El dragón (del latín draco, y éste del griego drakon, “víbora” o “serpiente”) aparece en diversas formas en las mitologías de todo el mundo. Los dragones chinos (o Longs), los japoneses (o Ryûs) y los coreanos son vistos generalmente como benévolos, mientras que los europeos son generalmente malévolos. Inversamente, entre los romanos, típicos representantes del Occidente antiguo, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría.

        Si un dragón volara desde Toledo hasta Kyoto experimentaría un shock cultural. En efecto, en lugar de ser temido, perseguido y atacado, sería recibido con una los honores propios de una estrella de cine.

        A diferencia de sus primos occidentales, los dragones orientales no escupen fuego ni tienen alas. Un dragón típico de Oriente tiene cuernos de ciervo, cabeza de caballo, cuello de serpiente, garras de águila, orejas de toro y bigotes largos como los de los gatos. En las leyendas chinas hay dragones que vigilan los cielos, dragones que traen la lluvia, y dragones que controlan los ríos y arroyos. En Japón, donde se los tiene por seres sabios, amables y siempre dispuestos a ayudar, los dragones han sido durante siglos el emblema oficial de la familia imperial.
        Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el pecado. La leyenda de San Jorge y el dragón, muestra claramente este significado.

        En el simbolismo medieval significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza. En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el temor. Muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, por lo que en esas tradiciones matar a uno de ellos no sólo daba acceso a sus riquezas sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos.

        La mitología no es cosa sólo del pasado, porque en los últimos años se han creado una serie de leyendas que, ¿quién sabe si se convertirán en los mitos del futuro?

        Cualquiera de nosotros podría ser Hank, Shelly, Bobby, Erik, Presto o Diana, esos jóvenes que se habían montado en la nueva atracción de la feria local: “Dragones y Mazmorras”. ¿Cómo podían entender ellos que habían sido trasladados a una dimensión paralela donde los dragones eran de verdad?
Como único guía en esta nueva vida, está el misterioso Amo del Calabozo, un poderoso mago que otorgará a los protagonistas fantásticos poderes y les hará correr mil y una aventuras. “Dragones y Mazmorras” llegaba a nuestros
televisores avalado por la moda de los juegos de rol y sus personajes pronto se ganaron el corazón de los telespectadores de todo el mundo. Más tarde llegará a la pantalla grande. La trama, como no podía ser menos, sigue el eterno embate del Mal -dirigido por el maligno brujo Profion- contra el Bien, defendido por la Emperatriz Savina y sus valorosos paladines.

        ¿Quién no ha enfrentado el miedo o el valor como el protagonista de “Eragon”? La leyenda nos lleva al reino legendario de Alagaësia, donde la guerra se está gestando. Los Jinetes protectores de la paz del Imperio y los únicos capaces de controlar a los inteligentes dragones, se han extinguido o han pasado a formar parte de las tropas del malvado rey Galbatorix. Los elfos hace tiempo que se han exiliado a un lugar oculto y los vardenos, un grupo disidente, se ocultan en ciudades protegidas. Cuando Eragon, un joven de 15 años que vive en una pequeña aldea, se encuentra
con una piedra preciosa en medio del bosque a donde ha ido a cazar, poco se espera que ese suceso vaya a cambiar su vida y el destino de Alagaësia. Lo único que desea es venderla para así asegurar la subsistencia de su familia durante el duro invierno. Sin embargo, una noche la gema se rompe y lo que sale de ella lo llevará a un viaje que lo convertirá en héroe. ¿Podrá Eragon convertirse en uno de los
legendarios jinetes de dragones? La esperanza del Imperio descansa en  
sus manos…

        En definitiva, los dragones siguen estando en nuestra vida cotidiana. Algunos se extinguieron hace muchísimo tiempo, pero otros han renacido para renovar nuestra ilusión por un mundo donde la aventura es también un valor de futuro.

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El pasado existe

 

    El pasado existe aunque haya quedado ocultado por el presente. Esta es una cuestión puramente física. Hay personas, pensadores, intelectuales y científicos que opinan que el pasado no existe, que ha dejado de ser y que lo único existente es el instante presente. Sin embargo, tales opiniones son contrarias a las leyes de la física en las que las causas no dejan de existir por el mero hecho de producir efectos. La gravedad es la causa de una serie de fenómenos, como pueden ser que los objetos más pesados que el aire caen hacia el suelo si se los deja caer desde cierta altura. Pues bien, mientras mantenemos el objeto sujeto de nuestras manos ante el vacío, la gravedad es una realidad existente; cuando lo soltamos y el objeto cae, la gravedad no deja de existir; y, una vez impacta contra la tierra, la gravedad sigue existiendo. Los efectos o fenómenos dejarían de existir si desaparecieran las causas que los producen. Por ejemplo, si apagamos el fuego que calienta la sopa, ésta dejará inmediatamente de hervir y se enfriará progresivamente. Causa y efecto van indisolublemente unidos.

    A nivel histórico, el momento presente es la consecuencia de los hechos pasados y éstos son la causa de la aparición del momento presente. El hoy es el resultado del ayer y en el presente se construye el futuro. Así como ocurre con la gravedad y la caída de un objeto, el presente cae, esto es, sucede, porque el pasado continúa existiendo como causa. Si dejara de existir, ocurriría como con la sopa, se enfriaría -desaparecería el calor- irremediablemente. El odio pasado provoca la guerra actual y mientras ese odio no cese, la guerra seguirá activa. El odio, la ambición, el egoísmo, etc., son causas de conflictos que permanecen en los corazones, no dejan de existir y su existencia hace que los conflictos sigan provocando los estragos consecuentes. Hasta que no se acabe con las causas, los efectos se siguen produciendo.

    De la misma manera, si Platón hubiera dejado de existir con la muerte, la civilización occidental no habría dado los pasos que ha dado a lo largo de dos mil quinientos años. Si la colonización de los viejos imperios orientales hubiera dejado de existir con la independencia de los países que surgieron entonces, muchos conflictos actuales no habrían sucedido. Aquellas causas siguen existiendo de alguna manera, al menos, así debe ser según las leyes de la física y el tiempo es uno de los elementos naturales que estudia la física.

    Por esta razón, la existencia del pasado en algún misterioso y recóndito lugar o dimensión, es por la que podemos recordar sucesos de nuestro pasado personal, una celebración de cumpleaños, el primer día en el colegio, la caída del árbol, el primer amor, etc. Si ya no existiesen tales hechos no podríamos traerlos al presente con nuestra memoria, puesto que no podemos usar lo que no existe. ¿Quién puede escribir con ese ordenador que se tiró a la basura y en la planta de reciclaje se trituró? Nadie. ¿Quién puede montar en esa bicicleta que ya se rompió y se llevó a la chatarrería para que compusiera un cubo de metal? Nadie. Sin embargo, siempre podemos usar la idea de ordenador o la idea de bicicleta para construir de nuevo esos objetos porque continúan existiendo. Ellas son las causas de la producción de ordenadores y bicicletas. Las ideas que continúan inspirando a los seres humanos no han desaparecido, no han muerto. Son como la gravedad, una fuerza o potencia que permite orientarse en este mundo.

    Las ideas verdaderas, las que inspiran creaciones válidas y constructivas, aunque procedan del pasado, de viejas civilizaciones y antiguos filósofos, no mueren ni desaparecen, permanecen en lo invisible, siempre dispuestas a ayudarnos a mejorar el mundo.

Francisco Capacete. 

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Egiptomanía

 

    Una de las civilizaciones que más ha cautivado al público ha sido la del Egipto Antiguo. El desciframiento del jeroglífico en 1822 por Champollion, llamado justamente “el egipcio”, el descubrimiento de la mastaba casi intacta de Tutankamon, han sido dos hitos en la aparición de la “egiptomanía”. Pero la pasión por Egipto es casi tan antigua como esta civilización. Griegos, romanos, árabes, príncipes y aventureros, científicos y pensadores modernos se han sentido fascinados por la civilización de las riberas del río Nilo. Cada uno de ellos ha fabricado su propio mito que, a veces, ha ocultado al verdadero Egipto.

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    Para los griegos, desde el segundo milenio antes de Cristo, Egipto ya se les aparecía como muy antiguo, de tal manera que para ellos Egipto había existido desde siempre. Solón, uno de los siete sabios de Atenas, es instruido en la remota historia de su propia ciudad por los sacerdotes egipcios, hablándole, según narra Platón, de enfrentamientos con ejércitos de la mítica Atlántida, hace 12.000 años.

   

   Egipto contaba a los ojos griegos con una organización social estable y casi perfecta que garantizaba la concordia social y el buen funcionamiento de la vida diaria. Licurgo y Solón visitaron Egipto para inspirarse y otorgar a Esparta y Atenas, respectivamente, de una constitución política adecuada. Para estos sabios griegos la organización social egipcia era digna de ejemplo por el cumplimiento natural de los deberes comunitarios y el buen funcionamiento de la medicina y la justicia. Y lo hicieron tan bien, que durante los primeros tres mil años de su historia no van a conocer prácticamente guerras ni problemas sociales, de ahí que para los griegos el Antiguo Egipto se les apareciera como un pueblo pacífico desde el principio de los tiempos.

   

  Nota:        a) aegypciaka son tratados griegos que describen Egipto y se convirtieron en un boom. Autores de aegypciakas: Aristágoras, Manetón, Hecateo de Abdera, Alejandro Polyhistor.

          b) griegos célebres que visitaron Egipto: Orfeo, Museo, Dédalo, Homero, Licurgo de Esparta, Solón, Platón, Pitágoras, Eudoxo, Demócrito.

   

    Para los romanos Egipto es la Tierra de la Salud. Y, efectivamente, hubo un gran desarrollo de la medicina. Ya desde el principio de su aparición en la Historia, contaba con especialistas de los ojos, del riñón, de la sangre, del sistema respiratorio. Decían los romanos que en Egipto había un médico para cada enfermedad. Y recomendaban a todos lo que tenían una salud delicada pasar una temporada en tierras de Egipto, como hizo el mismo Séneca, quien padecía una dolencia pulmonar. El ideal egipcio de la salud es la armonía que ellos llamaban “Magia”; cuando hay correspondencia entre lo interno y lo externo, entre lo espiritual y lo físico, entonces hay salud, armonía y magia. Curiosamente, hoy se vuelve a retomar esta idea de la Antigüedad y la medicina contemporánea cada vez investiga más las relaciones que hay entre las enfermedades del cuerpo y los desequilibrios del alma.

   

  Una de las imágenes que más ha influido en la egiptomanía es la de las momias. El origen de esta palabra es árabe, viene de mumia que significa bitumen, una sustancia medicinal que usaban tradicionalmente los árabes de Egipto. ¿Por qué, los árabes identifican a las momias con la curación? Seguramente seguirían recordando los altísimos conocimientos de anatomía y medicina de los embalsamadores egipcios. Esta asociación de ideas provocó que durante toda la Edad Media se creyera en las propiedades curativas del polvo de momia; hubo un gran comercio de polvo de momia y los más hipocondríacos no salían de casa sin llevar encima un saquito con el supuesto polvo curativo. En el siglo XVIII se puso de moda desenliar momias en los salones ingleses.

   

    La pasión por el Antiguo Egipto provocó también  el expolio de cantidades enormes de tesoros y piezas arqueológicas que se buscaron con ahínco en el interior de las pirámides. Para los griegos las pirámides eran enormes llamas de fuego – de ahí su nombre, de pir, “fuego, ígneo”-, o sea, templos dedicados al conocimiento, dado que el Fuego era el símbolo de la Sabiduría. Pero con la pérdida de la clave interior, el tesoro que es el conocimiento se dejó de lado y se identificó ese tesoro del que hablaban los griegos con las joyas y el oro.  En el s. XIV era tal la pasión por estos tesoros, que los buscadores árabes eran considerados como un gremio y pagaban impuestos como artesanos. Hasta los Reyes Católicos enviaron  un embajador para participar del suculento “pastel”. Mas, ¿qué simbolizaba para los propios egipcios la pirámide? Su arquitectura refleja el orden y la armonía del Cosmos que debe reflejarse en la sociedad; descubrirlo para aplicarlo era el gran tesoro para los egipcios.

   

  Si Platón, Pitágoras, Tales, Solón, Demócrito, Marsilio Ficino, Giordano Bruno y tantos otros sabios aprendieron del Antiguo Egipto -como diría Howard Carter- “cosas maravillosas”, el apasionado del Egipto Antiguo tiene la misma oportunidad de redescubrir aquellas viejas enseñanzas, que hablan de mejoramiento, de convivencia, de vivir armonizando el mundo celeste y el mundo terrestre, el mundo de las ideas y el mundo de las acciones.

 

 

Francisco Capacete

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El mito de la caverna y sus remakes

 

   Platón, además de un hito esencial dentro de la filosofía occidental, es un estupendo narrador de mitos, que no sólo ocupan cierta extensión en su obra filosófica sino que destacan en el conjunto de las páginas platónicas por su fuerza poética y su seducción intelectual. El mito nos impacta en la imaginación y deja un rastro indeleble en la memoria.

    Resulta sorprendente que Platón no renuncie, ni siquiera en la República, un diálogo de alta elaboración filosófica, a los mitos como forma de expresar la verdad. De hecho en la República encontramos quizás el mito más discutido de toda la historia y reelaborado en cuadros, novelas, ensayos y películas: el mito de la caverna.

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    Imaginemos una caverna bajo tierra, en la que los espectadores están sentados de espaldas a la entrada y de cara a la pared. Estos espectadores están cautivos, atados con cadenas, de manera que sólo pueden mirar hacia la pared del fondo. De la caverna sale un camino en pendiente, áspero, hacia el exterior. Para los espectadores es como si no existiera la luz natural, de ahí la necesidad de un fuego bien dispuesto. Hay una tapia entre el fuego y los espectadores, y entre ella y el fuego desfilan hombres portando objetos. Estos objetos proyectan sombras en la pared de la cueva, y esas sombras son lo único que ven los espectadores. Además la pared-pantalla tiene eco, y por eso para los cautivos parecen venir de ella las palabras que pronuncian los hombres que pasan detrás de la tapia. Un Platón de nuestro siglo hubiera supuesto un micrófono y un altavoz.

    Queda claro que las sensaciones son totalmente indirectas. Los prisioneros sólo ven sombras producidas no por el medio natural de la luz del sol sino por algo que es su remedo, el fuego (sombra del sol), y no oyen la voz humana, sino el eco (sombra de la voz). Viven entre sombras de sombras. Es así como se nos hace del todo patente lo miserable de su condición. No tienen conciencia ni de sí mismos ni de cuanto les rodea, y como están atados no pueden ver ni concebir otra realidad distinta, ni que exista otra vida diferente de la que ellos mismos llevan.

    Platón afirma que los prisioneros de la morada subterránea son iguales a nosotros, por extraño que a primera vista pueda parecer. El estado físico de estos trogloditas es en lo espiritual el estado general de la Humanidad. Tenemos de nosotros mismos y de lo que nos rodea visiones deformadas por los prejuicios, pasiones, modas y distorsiones de toda índole que nos mantienen encorvados y fija la mirada en una sola dirección: los intereses de los amos de la caverna.

    Nos propone Platón que desatemos a uno de los prisioneros. Debido al tiempo que lleva en esa posición, tendrá los músculos entumecidos y le costará ponerse en pie y caminar, pero aunque resulte difícil, le obligaremos a subir por el sendero que conduce al exterior.

    Al acercarse a la boca de la caverna, quedará deslumbrado por la claridad solar, le dolerán los ojos, creerá haberse vuelto loco y querrá volver a la tranquilidad de la caverna donde todo era conocido. Para acostumbrarse deberá empezar a observar de noche, con la luz de las estrellas y de la luna. Luego podrá ver de día las imágenes reflejadas en las aguas y las sombras; más tarde verá los árboles, los pájaros, las fuentes, podrá mirar las cosas en sí, y finalmente será capaz de ver el sol, y de darse cuenta de que gracias a él existe todo y que es la causa de la vida.

    Mares de tinta se han vertido sobre la interpretación de la caverna, y como todo mito, tiene diferentes claves, unas más visibles y otras más profundas.

    Si lo relacionamos con la línea del conocimiento, una alegoría prolija y expresamente declarada por Platón, nos encontramos con una caverna que representa el mundo visible, material, y alegóricamente, la ignorancia, la oscuridad. Dentro de esa ignorancia que se cubre de “creer que uno sabe”, están las imágenes que proyectan las cosas, es decir intelectualmente son las conjeturas o también “lo que nos han dicho”, y en segundo lugar los objetos en sí mismos, que es la opinión, la tan aclamada opinión que se reviste de sabiduría .

    El mundo exterior al que llega el prisionero que puede evadirse del antro representa el mundo del verdadero saber. Los reflejos y sombras que contempla en los primeros momentos son las cosas que se pueden razonar o discurrir. Los objetos reales que podrá mirar al habituarse a la luz son las Ideas. Y la visión que al final sea capaz de tener del sol cara a cara será la visión inteligible de la Idea del Bien (la máxima concepción platónica que une todos los aspectos de la virtud, lo bueno, lo bello, lo justo , lo verdadero). El Bien es la causa por la que todo es. Es el aspecto más luminoso del Ser. Y como el Sol que es el que da vida a nuestra Tierra, el Bien da vida a las ideas.

   En el mito, además, los hombres de la cueva acaban por sentirse hasta cierto punto contentos con su suerte. Con su fina percepción de la naturaleza humana, no los representa Platón gimiendo y llorando, sino consagrados concienzudamente a una singular actividad, la única a su alcance: identificar con toda exactitud las sombras que desfilan y su orden de sucesión, a fin de poder predecir cuando volverán a pasar éstas o aquéllas. De esta actividad hacen un certamen regular y lo toman con tanto ardor, dice Platón, que se otorgan entre ellos premios, recompensas, honores, adjudicados a los más hábiles en este arte de identificación y predicción. La caverna entera funciona como una maquinaria manejada por sus amos, que se aprovechan de los deseos necesarios e innecesarios de los esclavos, conocen sus gustos, pasiones, debilidades y se aprovechan de ellos en beneficio propio.

    No puede concebirse una miseria mayor que la de estos infelices, y no tanto por su tortura física, sino por su total ignorancia intelectual y moral.

    La versión más moderna de la caverna la encontramos en la película Matrix, donde la caverna y sus sombras es un macroprograma de ordenador que simula la realidad actual, la sociedad de finales siglo XX, y donde están conectadas las mentes de los seres humanos. Las cadenas que atan físicamente son unos nichos recolectores de energía donde dormitamos como fetos en incubación. En la filmación produce una gran decepción que la salida de la caverna del pobre Neo sea a un mundo tan feo y peligroso, pero anima que a pesar del peligro se atreva a volver a entrar en la caverna.

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     Así también en la caverna de Platón cuando alguno de los presos rescatado del antro, que ha salido al exterior, se acuerda de sus antiguos compañeros de cautiverio y su lamentable estado, decide volver. No porque le guste regresar a la oscuridad de la caverna, sino por solidaridad con su compañeros, por amor, para liberarlos. La mayoría de las veces, como llega cegado por la luz del sol, no ve las sombras y tropieza. Por eso, los cautivos se mofan de él y le dicen que se ha vuelto loco al salir de la caverna. Peor aún, si trata de hacerles ver lo lamentable de su situación, el resultado será que se enfurezcan contra él y que, si pudieran, le matasen.

    Palabras terribles que se han comprobado muchas veces en la Historia. Véase el caso del mismo Sócrates, la quema de Miguel Servet, Giordano Bruno y tantos otros. Esta es la explicación de por qué siempre, en todo lugar, hay una inquisición cazadores de librepensadores que odian la libertad de pensamiento y el estudio comparado y queman en persona o en efigie, con propaganda destructiva y acusadora ,a cuanto grupo, hombre o mujer, les impida seguir con su juego de proyectar y con su manejo de la caverna.

    El prisionero que asciende, sale de la cueva y contempla el mundo real, representa la ascensión del alma al mundo de las Ideas, el sendero del filósofo. Y cuando vuelve se convierte en el verdadero político platónico, que reúne todas las virtudes morales desde al honradez a la justicia, del saber al saber hacer. Es el que, una vez conocido todo lo que es, vuelve a contar sus nuevas experiencias al aire y al sol y en libertad, para ayudar a otros a la liberación de las cadenas y así poder ascender al mundo inteligible.

   En esa meditación sobre la condición humana hay una gran enseñanza. Así como a los cautivos no hay que darles la vista que ya tienen, sino hacerles volver sus ojos de las tinieblas ala luz, otro tanto habrá que hacer con el alma, ya que en ella existe la facultad de aprender y lo único que hace falta es orientarla en la dirección correcta. Y así como los forzados de la caverna no pueden ver la luz natural, tan lejana a ellos, con sólo volver la cabeza, sino que han de hacerlo con todo el cuerpo, subiendo completamente el sendero, así también hay que proceder con el ojo del alma, se trata de la educación de todas las potencias del alma, y no sólo de su potencia intelectual; es una operación que implica una vivencia, (lo que pienso, lo que hago y lo que siento: mente, corazón y acción). La educación, por consiguiente, resulta ser el arte de la conversión del alma (de toda ella) para acercarla a la contemplación del ser y de la luz.

    Los mitos son ventanas luminosas que perduran en la memoria. La importancia de los mitos en los diálogos de Platón está en su honda poesía, belleza y en la guía de orientación para nuestro entendimiento de la vida. Platón es, en este siglo XXI, uno de los éxitos más seguros, no ha pasado de moda, tanto que algunos dicen que “sigue siendo el rey”. 

Sara Ortiz Rous

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Filosofía: preguntas y respuestas

 

    La Filosofía siempre se ha destacado por ser una actitud de búsqueda, a través de preguntas, sobre el sentido de la vida, como por ejemplo, ¿qué es el amor, de dónde venimos, adónde vamos, acabamos con la muerte o no?

      Todos los hombres de todos los tiempos se han preguntado sobre las cuestiones fundamentales de la Vida. En la medida que han cambiado las épocas y las alineaciones históricas, la humanidad ha cambiado el sentido de sus preguntas.

      La Edad Antigua se preguntó por la relación del hombre con los dioses y nos ha dejado libros de una sabiduría exquisita como el Bhagavad Gîta de la India, el I-Ching o el poema súmero de Gilgamesh.

      La Antigüedad Clásica se preguntó por la relación entre el hombre y su entorno: el universo y la sociedad. Es la filosofía que encuentra un vínculo entre el hombre y lo que le rodea: el ser humano dispone de la capacidad de comprender la razón, la proporción y la armonía que hay en las leyes de la naturaleza, porque el mismo tiene razón y proporción, y al comprender las leyes naturales puede cumplirlas y vivir en armonía consigo mismo y con el entorno.

      En la Edad Media se preguntaron fundamentalmente por la fe. Muy limitados por la necesidad mística y la falta de conocimiento, los filósofos medievales querían saber si con la fe sola se podía lograr la salvación. Y si la fe y la razón eran enemigas o aliadas. La Iglesia sentenció que la fe era superior a la razón y que la investigación era propia de los herejes. Durante unos mil años, los filósofos y científicos fueron prisioneros del dogma religioso. Y aquellos que quisieron ir más allá del dogma fueron quemados en las hogueras o callados por los tribunales eclesiásticos.

      En la Edad Moderna -que dicen que se inició con los Principia de Newton, de tal forma que alguien corrigió el Génesis del Antiguo Testamento, diciendo que Jehová mandó que apareciera Newton y se hizo la luz- se buscó la independencia de la religión y todo lo que sonara a metafísico, esotérico y se buscaron respuestas solamente en la naturaleza material.

      Y en los dos últimos siglos, la Filosofía contemporánea, al desligarse de todo lo invisible, interno y caer en un proceso cada vez más materialista, ya no se ha preguntado por el alma ni por el pensamiento, se ha preguntado por lo concreto, por el cerebro como productor del pensamiento y por las conexiones dendríticas como procesadoras del pensamiento. Los filósofos se han dedicado a plantearse mil preguntas acerca del significado de los predicados y las frases, perdiendo la facultad de encontrar el sentido fundamental y natural de las cosas. De esta manera, la filosofía contemporánea se ha hecho incomprensible para la inmensa mayoría de la gente.

     

      Este proceso histórico ha provocado que la Filosofía haya quedado encerrada en las cátedras universitarias y ha dejado al ser humano huérfano de respuestas válidas, cara a cara con el absurdo, la angustia existencial y el sin sentido de la casualidad y el azar. Cada vez que uno se pregunta ¿qué es la amistad, qué es el amor, que es lo esencial de la familia, qué futuro nos espera, existe la vida más allá de la vida?, etc., al no encontrar respuestas válidas se las deja en un rinconcito del subconsciente a la espera de mejores tiempos. Sin embargo, cada noche, vuelven a aparecer, cada vez que hay silencio a nuestro alrededor, las preguntas vuelven a buscar sus compañeras inseparables: las respuestas. Preguntas y respuestas van de la mano, como los pulmones y el aire. ¿Por qué tenemos pulmones? Porque hay aire y necesitamos respirar aire. ¿Por qué hay preguntas en nuestro interior? Porque hay respuestas. La compañera de la pregunta no es la duda ni la angustia, estas son consecuencia de enterrar las preguntas, surgen del secuestro de las preguntas fundamentales.

      Como todo extremo lleva inexorablemente a su contrario, al agotarse la experiencia del sin sentido, volvemos a buscar un sentido a nuestra relación con la naturaleza y el universo. Y volvemos la mirada hacia atrás para encontrar respuestas, porque volvemos a preguntarnos, ¿quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy? Respuestas que encontramos en los viejos libros de Filosofía oriental y occidental. En las universidades se dice que la Filosofía nació en Grecia, pero eso es como decir que las rosas nacieron en Francia. La Filosofía nació con el primer hombre que se preguntó: ¿quién soy yo? Todos los pueblos de todos los continentes y de todos los tiempos, han hecho Filosofía.

      A veces se ha pensado que la Filosofía no es práctica e, incluso, se ha prescindido de ella en la educación de los jóvenes. ¿Qué importancia tiene la Filosofía, qué importancia tiene que haya escuelas de Filosofía? La misma que los mercados. Sócrates decía que aquel que necesita cebollas sabe que tiene que ir al mercado porque allí va a poder comprar cebollas. Que el que necesita zapatos, sabe que tiene que ir al mercado porque allí va a encontrar zapatos. Y aquel que tiene preguntas y quiere conocer sobre las cosas verdaderamente importantes de la vida, ¿a dónde va a ir? A una escuela de Filosofía, dónde podemos encontrar respuestas a las preguntas del por qué el dolor, por qué la muerte, por qué envejecemos, por qué nos pasan las cosas que nos pasan, por qué se pasa del dolor a la alegría y de la alegría al sufrimiento, qué es lo que nos conduce como un viento de lo uno a lo otro, por qué tenemos temores y por qué dudamos? Si es importante responderse a estas preguntas, la Filosofía es muy útil y práctica y es necesario que existan escuelas de Filosofía como la que humildemente dirijo en Palma de Mallorca.

      La tecnología he permitido que el hombre pueda llegar a la luna, pero ahora le toca a la Filosofía permitirnos llegar al ser humano.

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El retrete

 

Se cree que fue hacia el siglo III o II a. C. cuando los romanos inventaron el orinal (matula), que durante veintidós siglos sería un utensilio doméstico básico.

     Durante el siglo XVIII, la única innovación en este campo, técnicamente secundaria, fue la instalación en algunas casa de pozos negros que iban a dar a unas tinas especiales (conos truncados de 86 cm de alto, 40 de base y 26 de boca), sistema inventado en 1786 por P. Giraud; las tinas eran transportadas periódicamente a las afueras de las ciudades para vaciarlas. Sin embargo, la urbanización progresiva de las ciudades y el crecimiento demográfico hicieron la situación insoportable.

     Entre 1865 y 1885, se producen dos inventos sucesivos, que muy pronto se complementarían. El primero es un invento colectivo, anónimo, surgido de una institución conocida entonces como escuela monje, que luego se la conocería como el instituto Carnot de París: es la taza de retrete, muy parecida a la que conocemos actualmente, provista de una tapa horadada de manera que puede subirse y bajarse; la tapa en cuestión era entonces de chapa. Este modesto invento se impuso finalmente al asociarse con otro invento, el del inglés Thomas Crapper, que al parecer data de 1886: la cisterna de agua. Craper tuvo la idea de instalar encima de la taza, a cierta altura, un depósito con capacidad para diez litros de agua que por medio de un sistema de palanca liberase su contenido al tirar de la cadena. La función de la cisterna era por tanto expulsora y limpiadora, pero además favorecía una valiosa ventaja complementaria, y es que al diluir las materias fecales contribuía a que los vertidos finales sobre los ríos fueran mucho menos densos.

     Crapper, por otra parte, modificó también el diseño de la taza incorporando el sifón, que garantizaba que siempre hubiese en el fondo de esta una pequeña cantidad de agua relativamente limpia que aislaba el bombillo del conducto de bajada. Su water-closet, el famoso inodoro, protegía por fin a la vivienda de emanaciones perniciosas.

     Sin embargo, su invento sólo pudo triunfar una vez que se impusieron sistemas de alcantarillado público y se garantizó el suministro de agua corriente a todas las viviendas, algo que no se ha conseguido hasta muy entrado el siglo XX.

Francisco Capacete

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La armadura

 

Las primeras referencias que se tiene de las protecciones para la guerra son los camisotes de piel de búfalo guarnecidos con escamas metálicas de los soldados asirios que bien llegaban hasta las caderas o hasta los pies, según fueran armados a la ligera o de manera más completa, especialmente los jinetes. También de esta época pueden datarse las primeras espinilleras, que cubrían la parte anterior de las piernas. En el antiguo Egipto se utilizaron pieles de cocodrilo y cascos de cuero endurecidos con refuerzos de bronce desde el 4.000 a. C. Desde Egipto se generalizaron estas protecciones hacia todo el Oriente Próximo, de manera que fueron también utilizadas por los persas, partos y sármatas.     En Siria, hacia el siglo XV a.C., se reforzó el traje típico, una camisa con mangas, mediante escamas de bronce, y fue utilizado como armadura por aquellos combatientes que, al ir subidos en carros y tener las dos manos ocupadas, no podían sostener un escudo; las escamas se cosían a una tela o se entretejían en hileras flexibles de laminillas. Los cascos, en forma de gorras ajustadas de cobre batido, fueron utilizados por primera vez por los sumerios desde épocas mucho más remotas.

     Los griegos y romanos llevaban corazas de bronce, así como protectores de antebrazos y espinillas. Los romanos utilizaron fundamentalmente la loriga de escamas de metal (aunque también de hueso y de cuerno), que iba cosida con lienzo o cuero por medio de correas o alambres y cubría, además del pecho, la espalda, el vientre, las caderas y los hombros; en el caso de los soldados de caballería pesada, éstos usaban una armadura semejante que les cubría hasta los pies y las manos. El desarrollo de la armadura se detiene con la caída del Imperio Romano.

    La armadura hace su reaparición en la época carolingia, recogiendo con algunas modificaciones el equipamiento de finales del Imperio Romano. De esta manera, la mayoría de las armaduras se fabrican con diversas piezas de metal (hierro o bronce), cosidas a un forro de cuero.

    En el siglo X aparece en escena el caballero armado. Entonces, la armadura no será solamente una protección para el que la lleva, sino también una enseña, un signo distintivo que lo diferencia de los demás y que muestra su rango.

     Con el transcurrir del tiempo y la evolución de las técnicas de combate, poco a poco fueron creándose protecciones hechas de fuertes chapas metálicas (launas) que aumentaban la eficacia de la defensa, al desviar las puntas de lanzas y los proyectiles, haciéndolos resbalar por su superficie cuando el ángulo de incidencia fuese pequeño. El metal fue poco a poco mejorándose hasta llegar al acero templado. Nacieron así las armaduras de placas, fabricadas artesanalmente por maestros armeros que martilleaban las chapas para más tarde calentarlas en una fragua y, posteriormente, dejarlas enfriar; las distintas piezas se iban forjando a partir de unos moldes realizados a tal efecto.

     Hacia el siglo XIV es cuando ya se puede establecer el momento en el que aparece la armadura de placas tal y como tradicionalmente se conoce. Lo que hacia finales de dicho siglo constituía el llamado arnés blanco o armadura de punta en blanco era lo que todo caballero que se preciara ansiaba poseer como arnés completo.

Francisco Capacete

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