Lao Tse y el Tao

Lao Tse es una figura legendaria, como todos los grandes maestros de la Humanidad. Según la leyenda fue dado a luz por una madre virgen que lo llevó en su seno durante setenta y dos u ochenta y un años hasta que un día, mientras descansaba bajo la sombra de un ciruelo, una partícula del sol semejante a una perla se introdujo por la boca de la virgen e hizo que se le abriera la axila y naciera Lao Tse, canoso, como si hubiera meditado mucho. La palabra Lao significa viejo, la palabra Tse, maestro, de suerte que Lao Tse significaría Viejo Maestro.

Nació en una pequeña aldea del reino de Tch’en  (sur de China), en ese siglo VI a.C., tan fructífero en grandes personajes, contemporáneo de Buda, Zoroastro, Mahavira, Pitágoras y otros presocráticos. No podemos determinar ni el año de nacimiento, ni el de su muerte, ni siquiera con aproximación de algunos años. La única fecha que conocemos de su vida, es el encuentro con Confucio, donde tuvo lugar un eclipse de sol. El cálculo nos da un eclipse de sol en el 518 visible desde China; presumiblemente Confucio tenía alrededor de 34 años, y Lao Tse unos cincuenta más, así que nació alrededor del 600 a.C..

De este encuentro con Confucio, nada del cierto se sabe, solo queda el comentario de Confucio: Los pájaros vuelan, los peces nadan, los cuadrúpedos corren. Al que corre se le agarra con la red, al que nada con un anzuelo, al que vuela con un arco. En cuanto al dragón, que se eleva hacia el cielo llevado por el viento y las nubes, no sé yo cómo se le podrá coger. He visto a Lao Tse, hoy he visto un dragón. En China el dragón no es terrestre, es celeste, es símbolo del espíritu.

El Viejo Maestro fue bibliotecario en la corte de los Chou. Un bibliotecario no era en la Antigua China lo que hoy corresponde a ese título; le estaba encomendado un cargo sacerdotal y su misión consistía en consultar los archivos, los oráculos, el sentido de la existencia, del éxito y la decadencia: era un sabio de la antigua tradición.

El propósito de las palabras es transmitir las ideas: Cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras? Con ese me gustaría hablar.

Dicen que Lao Tse no quería hablar. Había emprendido viaje hacia las cordilleras del Oeste para acabar sus días en paz. El guardián del paso de Huan-Ku le observaba, el solitario centinela del paso de las montañas, había vivido lo bastante para conocer que aquel anciano reticente era un sabio: sus ojos lo delataban, y el gesto de sus manos al sentarse, y la presencia que emanaba de su cuerpo. Se veía que su casa era el ancho mundo, la tierra su almohada, las estrellas sus sábanas. Olía a silencio y soledad como el viento del espacio. El guardián tomó una resolución, empuñando su arma le dijo: No os dejaré marchar si no me dais una parte de vuestra sabiduría.

Lao Tse que había intuido hacía rato sus pensamientos sacó pincel y comenzó a trazar caracteres, 5000 ideogramas, sobre la túnica de seda que le ofreció el soldado, destilando en ochenta poemas una de las experiencias más sensata de la raza humana: El Tao Te King.

Este es un libro para quienes no confían en las palabras; desde el inicio advierte: El Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao. Pero Lao Tse hizo lo imposible, un libro que se lee, se relee  y disfruta durante toda una vida. Un libro de consulta que cambia con los años, como el vino, destilando nuevos sabores, pensamientos no descubiertos. La sabiduría que intenta comunicar Lao Tse es el modo de ser de la naturaleza y la manera de obrar nuestra para asemejarnos lo más posible a ella.

¿Qué es el Tao Te King? Traducido “el libro del sentido y de la vida”. A veces nos gustaría que se nos dijera al estilo occidental, el Tao es de tal y cual modo y, en consecuencia, el sabio se comportará de este y aquel modo, pero no es así. El lenguaje puede ayudarnos a entender un concepto pero no la experiencia del Tao, decían los filósofos taoistas que hay que transmitir lo que armoniza y trasciende los contrarios mediante el silencio.

El Tao es incognoscible, inefable e infinito. La palabra Tao está compuesta de dos ideogramas: uno es cabeza, el otro es marchar; puede significar hombre que camina, ir conscientemente, camino, sentido, Logos, vía.

En su sentido original cósmico, el TAO es la realidad última, indefinible y como tal es el equivalente del Brahman hinduista o del Dharmakaya budista. Su cualidad es intrínsecamente dinámica que, desde el punto de vista chino, constituye la esencia del universo. El Tao es percibido como flujo y cambio continuos.

La confusión sobre esta palabra ha sido grande en Occidente desde que los primeros jesuitas llegaron a China la tradujeron con inescrupulosa simplicidad por la palabra Dios, pero no es ni una personificación de lo divino a semejanza del hombre, ni la causa de lo manifestado, sino que está más allá.

Lao Tse  distingue desde el primer capítulo dos estadios diferentes del Tao:

  • – Eterno, que no tiene nombre, trascendente. Es evidente que el Tao no se desenvuelve en el tiempo, ni en el espacio, mirándolo no se le ve, escuchándole no se le oye, tocándolo no se le siente. Solo depende de sí mismo, lo demás recibe su sentido de algo externo, el Ser humano lo recibe de la Tierra, la Tierra del Cielo, y el Cielo del Tao.

  • – Con nombre, madre de todos los seres, puede recibir tantos nombres distintos como seres concretos. Sería una roca, un hombre, un pájaro, un arroyo. El Tao está en todas las cosas despreciables y en las nobles, tiene el germen de la diversidad.

Dice el Tao Te King: Del Tao surge el Uno, luego el 2, luego el 3 y los 10.000 seres. Es un proceso de cosmogénesis presente también en filósofos griegos y helenísticos..

En las raíces del pensamiento y el sentimiento chinos reposa el principio de polaridad, que no debe confundirse con los conceptos de oposición o conflicto. En otras culturas está la luz en lucha con la oscuridad, la vida con la muerte, lo positivo con lo negativo. Para el modo de pensar tradicional chino, esto resulta tan incomprensible como la existencia de una corriente eléctrica sin sus polos  positivo y negativo, como el norte sin el sur, la desaparición de uno es la desaparición del  otro. Las polaridades son estados extremos de una misma cosa, como las dos puntas de un bastón.

Los chinos llaman a los dos aspectos de la polaridad el yin y el yang, que literalmente significan el lado umbrío, oscuro de una montaña, y la vertiente soleada. Representan las polaridades de la realidad sensorial: día y noche, masculino y femenino, mente y materia, bien y mal, luz y oscuridad, fuerza y debilidad, cielo y tierra. En el reino del pensamiento, yin es la compleja y femenina mentalidad intuitiva, yang el claro y racional intelecto. Yin es la tranquilidad, la quietud contemplativa del sabio, yang la fuerte acción creativa del rey.

Son fuerzas opuestas pero complementarias cuya interacción genera el Universo, como la dualidad Purusha-prakriti del Samkhya hinduista, o  Gea-Uranos de Homero.

El conocido diagrama del yin-yang es explícito: Todo es dual (las dos lágrimas, blanca y negra). Los opuestos se complementan, forman un círculo, la figura sin fin. Además: Todo es dinámico, es una simetría rotacional que sugiere, de modo muy enérgico, un continuo movimiento cíclico. Y los dos puntos simbolizan la idea de que cada vez que una de las dos fuerzas alcanza su límite, contiene en sí misma la semilla de su opuesta.

Esta es una visión del mundo que no se ha tenido en Occidente desde que se olvidaron las palabras del presocrático Heráclito: “Armonía en la diversidad como el arco y la lira”, una tensión, una fuerza armónica, ni flojo, ni rígido. O el fluir del tiempo, de todo lo manifestado  “No te bañarás dos veces en el mismo río” o las paradojas aparentes “La noche empieza al mediodía“. No es la lógica aristotélica, las cosas no acaban nítidamente, sino que todo está en todo, todo desborda, fluye, cambia, se interpenetra.

Lo que a veces parecen paradojas no lo son tanto para aquellos que reflexionan y meditan un poco lo profundo de las esencias. Así al leer: El retorno es el movimiento del Tao, nos sugiere observar los movimientos del Sol y la Luna, y de la sucesión de las estaciones, y vemos que una situación se lleva a su punto extremo, está destinada a darse la vuelta y convertirse en su opuesto. Exactamente del mismo modo que el hombre que va siempre hacia el Este, acabará en el Oeste, aquellos que acumulen cada vez más riqueza acabarán por ser pobres. En el ser humano, desde esta perspectiva es mejor tener poco que tener mucho. Este es el retorno, la vuelta de todas las cosas que ha infundido, no sólo a los filósofos taoistas sino al pueblo chino, valor y perseverancia en los momentos de aflicción y les ha hecho cuidadosos y modestos en los momentos de éxito. Con esta idea llega una de las mayores paradojas del Tao Te King:

Úsate y permanecerás nuevo

Vacíate y permanecerás lleno.

Doblégate y permanecerás erecto.

Hay una parábola conocida:  El sauce es débil, el pino fuerte. Cuando nieva sobre una rama de pino la rama aguanta rígida hasta que acaba por quebrarse; cuando nieva sobre un sauce las ramas se inclinan dejando caer la nieva y vuelven a levantarse. Así lo débil es lo fuerte.

La eficacia del Tao reside en su vacío, sin vacío nada podría producirse. La utilidad de la vasija no está en la arcilla sino en el hueco, en la falta del material. Un vaso lleno de tierra no nos permite utilizarlo para beber. En una casa lo útil son los vacíos, los huecos, puertas, ventanas, habitaciones, sino no se podría vivir, ni entrar. Y en el hombre lo útil  no son sus horas llenas sino las horas vacías que tiene para dedicarse a sí mismo o a otros seres humanos, las horas en las que estamos prestos a servir.

Así debe ser el hombre sabio, traducción del término shen jen. La principal virtud es su conformidad con el Tao, busca la naturalidad y la espontaneidad, el Wu Wei, traducido literalmente por hacer nada, pero no hacer no significa no hacer nada, sino ¿Cómo comprender: Aquel que no actúa, no deja entonces nada por hacer y conquista el mundo?. Wu Wei significa abstenerse de toda actividad que vaya en contra de la naturaleza. Actuar en armonía con la naturaleza, sin hacer violencia, es actuar en vacío.

¿Qué significa vacío?, Es actuar sin deseo personal, en el vacío de sí, tal como enseña el Karma Yoga del Bhagavad Gita. Ya no hay un Yo que actúa según gustos y disgustos personales, sino que somos una caña hueca por donde suena el viento de la historia. Dice Chuang Tse que mientras las pasiones, los estados de ánimo y los impulsos nos agitan el corazón hay acción, y cuando éste permanece estable, permite que reine la calma, y cuando hay calma hay claridad, y si hay claridad hay vacío, y si hay vacío no hay acción, y la inacción no deja nada por hacer. Este es el significado de las palabras aparentemente absurdas de Lao Tse: mediante la no-acción todo puede hacerse.

Además de su conformidad con el Tao, el hombre perfecto es rey de sus oídos y su boca, no tiene egoísmo, no tiene corazón propio, sino que hace suyos los corazones de la gente. Es humilde, no se envanece con los éxitos, es como el agua. El agua se adapta siempre: cuando está en un hueco se arremansa, cuando llega un plano se desliza, cuando hay pendiente corre y siempre con perfecta naturalidad. Nada más blando que el agua, y vence lo más duro: rompe acantilados, erosiona valles. Agua y espejo: cuando el agua está quieta es un espejo. Nadie se mira en aguas turbias, así la mente sólo entiende, refleja con precisión el mundo cuando está calmada.

Y nada de virtudes artificiales: sorprende que Lao-tse critique la justicia y el amor Cuando decayó el Tao aparecen la caridad y la justicia. Lo que condena es la sustitución del Tao por el formalismo cultivado artificialmente de los letrados de su tiempo. Eliminad los eruditos, desterrad los astutos, ingeniosos en palabras, y el pueblo saldrá ganando con creces. Rechazó como Sócrates los sofistas, porque con las virtudes falsas había pervertido la simplicidad y honradez.

Lao Tse nada ha dejado de sus ideas sobre qué es el alma, la libertad, el conocimiento. Se ha limitado a recomendar la conformidad con el Tao, cuidado de no arriesgar la vida por la codicia, no gastarla en cavilaciones abstrusas para no enfermar. Lao Tse como otros sabios orientales, tiene una meta: la transmutación, un aquietamiento físico y mental para facilitar el ascenso a los diferentes niveles de conciencia.

La calma real y sorprendente de las personas como Lao-Tse proviene del hecho de que están dispuestas a hacer lo que deban en cada circunstancia. Se han preparado a lo largo de su vida, han superado las adversidades porque han encontrado la esencia del espíritu, porque acallando las voces del yo, han escuchado el susurro del nosotros, y nos dejan la estela de su paso, difuminada por el tiempo que ha pasado, pero que guarda un perfume que huele a tierra mojada, y a viento de las altas montañas. Ahora está en nuestra mano seguir el camino. Un camino de mil millas empieza con el primer paso y está bajo nuestros pies.

Sara Ortiz Rous

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