El Principito, fuente de juventud

 

“Lo que embellece el desierto

es que esconde un pozo en cualquier parte”.

 

     Si miramos hacia atrás, en el tiempo, vemos que nosotros hemos cambiado tanto cuanto la estructura de la ciudad, los aparatos de teléfono y de televisión, así como ha cambiado la moda y los gobernantes de las naciones. Uno puede decir:  “¡Normal!” Sí es normal. Pero si nos fijamos profundamente en nosotros, nos damos cuenta de que hay cosas que no deben cambiar, como nuestra pureza, nuestra imaginación y nuestros sueños, estas “cosas de niños”, estas cualidades las deberíamos de haber preservado. Debemos preservar las cualidades y con el pasar de los años adquirir unas cuantas más.

     El arquetipo del joven buscador que aún esta descontaminado por el egoísmo y el materialismo, fue dibujado por Antoine de Saint-Exupéry en el personaje  “Principito”,  a quien no atribuyó edad, puesto que quiere decir que la juventud no depende de la edad, y si la perdemos podemos rescatarla.

principit.jpg

     En sus visitas por diversos planetas el Principito nos da muestras de su juventud, de la sencillez e inocencia con que uno puede vivir. Se muestra más receptivo a la belleza, a la amistad y a las ideas de muchas “personas grandes”. La juventud nos permite ver las cosas más claras.

     Cuando el Gran Monarca le propone que sea su ministro de Justicia, diciéndole que juzgarse a sí mismo es lo más difícil, el joven no se sorprende y aún agrega: “Yo me puedo juzgar en cualquier lugar”, el Principito nos transmite una gran enseñanza. ¿Aceptamos el hecho de juzgarnos? o ¿Somos demasiado vanidosos para juzgarnos? Hoy en día queda mal no tener opiniones fijas de las cosas. A medida que vamos creciendo el contacto con los diversos medios de comunicación, amistades y con la familia, hace que vayamos adquiriendo opiniones y prejuicios sobre nuestro oficio, si somos “azules” o “rojos” en la política, cristianos o mulsumanes en la religión y esp hasta las cosas más sencillas como el equipo de fútbol, el estilo de música favorito y otros. Estas ideas son las que solemos afirmar durante la vida sin dejar espacio para la concepción de cualquier otra idea ajena. No concebimos en una discusión la oportunidad de armonizar las ideas, y sí de rechazar unas y admitir otras.

     Todos estos prejuicios nos quitan la posibilidad de juzgarnos, porque ya fuimos modelados y remodelarnos cuesta; salir de la inercia y resistir la corriente contraria que surge cuando uno busca salir del modelo habitual del tiempo que le toca, es difícil, pero se puede con fuerza y constancia, imaginación y sencillez.

     Es muy común hoy en día dejarse esclavizar en un trabajo (que más nos quita que nos aporta), porque hay que pagar la hipoteca de una casa u obtener el ultimo modelo de coche y aparatos tecnológicos. Este hecho podemos llamarlo común pero no normal, pues hay una diferencia abismal entre los dos conceptos. Pueden ser común los asesinatos, pero no es natural. Lo común es lo habitual y lo normal es lo natural. Debemos tener cuidado con eso, pues nos equivocamos en pensar que porque hoy sabemos de muchos casos de asesinatos, que eso sea normal o natural. Y este es uno de los casos donde nos equivocamos. Como este hay muchos más como la violencia, el hambre etc. Estar atentos para no caer en el error de aceptarlos y dejar que formen parte de nuestras costumbres es ser joven.

     Para saber lo que somos y como debemos actuar es necesario juzgarse y para ello hay que quitarse de encima los prejuicios, hay que estar receptivo a las cosas nuevas, reflexionar sobre ellas y asimilarlas.

     Esta predisposición juvenil, la podemos observar en la facilidad que tienen los niños para aprender las cosas. Pensemos en todo lo que hemos aprendido en nuestros primeros años de vida como: caminar, nadar, ir en bici, los cálculos, hablar, escribir y leer, un poco de geografía, historia, ciencia etc. Estas “cosillas” fundamentales si las tuviéramos que aprender cuando grandes nos costaría más esfuerzo y tiempo.

     Al niño en cuestión, el Principito, no le ha costado aprender a domesticar al zorrito; que debe de ser responsable por lo que domestica; la importancia de los ritos y que no se ve bien sino con el corazón.

     Algo que este personaje lleva consigo y que es muy especial es el sentido de búsqueda que da a su vida. Busca amigos y jamás desiste de una pregunta una vez hecha.

     Quizás muchas de las personas que hoy conocen a este personaje no lo “conocieron en el desierto del Sahara”, como su autor, pero sí en el desierto interior o espiritual que desde siglos viene expandiéndose por nuestro mundo. Un desierto que aún cuenta con manantiales de agua fresca y buena; encontrar en libros como este, que nos enseña lo rica que es la vida si pasamos por ella aprendiendo con los hechos, disfrutándola aúnque no todo los momentos sean agradables, y comprender que “es necesario soportar una que otra oruga para ver las mariposas”.

     Encontrar los manantiales nos resulta fácil, darles importancia en nuestra vida es otra historia, pero el primer paso es elegirlos frente a las diversas distracciones que nos atraen todos los días, y luego beber de estas fuentes de vida.

    A lo largo de todos los tiempos hubo gente que dedicó su vida a mantener asequible las mejores fuentes de conocimiento para que podamos pasar por la vida lo mejor posible y aprovechándola para adquirir experiencias que dejen huellas en nuestra alma inmortal. Estas gentes  trabajaron en la Academia de Platón, en el Liceo de Aristóteles, en la Escuela de Filosofía Estoica y en las Escuelas de Arte, Política, Ciencia y Filosofía de Alejandría y de Florencia. Estas gentes han inspirado poetas como Antonio Machado, científicos como Albert Einstein, músicos como Bach, novelistas como Antoine de Saint-Exupery y otros muchos. Esta influencia pode llegar a cualquier habitante de esta tierra, basta ser receptivo a sus ideas para comprenderlas y luego activo para vivirlas.

principito2.jpg

     La juventud interior es una de las mejores armas que podemos usar en momentos difíciles, pues ella nos libera de las ataduras del “siempre lo he hecho así” y permite lanzarnos a nuevas aventuras de conocimientos y vivencias.

     El Principito, joven, de fértil imaginación, corazón bondadoso, curioso y decidido es un buen  recuerdo para todos los días, su mirada inocente hacia las cosas puede ayudarnos a ver la belleza que hay en las cosas sencillas de la vida. El Principito es fuente de juventud. Lectura recomendada.

Rafael Gonçalo

Deja una respuesta