Archivo de Julio, 2009

Glossa 1883 “Eminescu”

 

Tiempo llega y tiempo pasa,

Todo es nuevo y todo es viejo,

Qué es lo bueno, qué es lo malo,

Pregúntatelo y comprende.

    

    No sientas temor ni esperanza,

Lo que es ola como la ola pasa.

Si te tientan, si te llaman,

Sé frío como la nieve blanca.

     

    Cuanto retumba en nuestros oídos,

Cuanto por delante nos pasa,

¿quién podría recordarlo todo

y penetrar en su alma?

   

    Apártate despierto

Encontrando tu patria,

Cuando el ruido desierto

Tiempo llega y tiempo pasa.

     

    No debe inclinar los platillos

Del pensamiento la fría balanza

Buscando una felicidad hipócrita

En todo lo que cambia.

    

    Que de su propia muerte nace

Y dura ni un momento

Para el que la felicidad contempla

Todo es nuevo, todo es viejo.

  

    Como espectador en el teatro,

Imagínate que estás en la vida,

Papeles representarás sin espanto,

Nunca te engañará la mentira.

   

    Y si llorar o pelear se ordena

Sigue tus propios pasos,

Sabe cumplir su cometido

Lo que es bueno, lo que es malo

     

    Son las dos caras de la moneda

el pasado y el porvenir.

El que sabe aprender

Ve  el nacimiento en el fin.

     

    Todo lo que fue o será

Lo tenemos en el presente.

De su aparente pequeñez

Pregúntatelo y comprende.

   

    Porque todo lo existente

obedece a las mismas leyes

y desde hace miles de años

el mundo es triste o alegre.

     

    Otras máscaras, la misma obra,

Otras notas, la misma danza,

Tantas veces desengañado

No sientas temor ni esperanza.

     

    No te detengas viendo a los malvados

Colaborar para tener éxito

Pues aunque te sonrían los hados

El imbécil sería tu maestro.

      

    No temas, tratarán entre ellos

destruirse, son calaña,

No seas su compañero,

Lo que es ola como la ola pasa.

     

    El mundo con un canto de sirenas

Extiende hechizos diáfanos.

Para hacer de los actores marionetas

Tifones envía con encanto.

     

    No les hagas ningún caso,

Tu como puedas escapa

Sigue el camino que has pensado

Si te tientan, si te llaman.

     

    Si te tocan, escápate

Si te odian, quédate tranquilo,

Tus consejos brillan en el aire

Con el valor de ti nacido.

   

    Digan todo lo que digan,

Pase todo lo que pase,

No desees más que tu vida

Se frío como la nieve blanca.

    

    Se frío como la nieve blanca.

Si te tientan, si te llaman,

Lo que es ola como las olas pasa,

No sientas temor ni esperanza,

Pregúntatelo y comprende,

que es lo bueno, que es lo malo,

Todo es nuevo, todo es viejo,

Tiempo llega, tiempo pasa.

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Soneto de Fidelidad “Vinicius de Moraes”

 

    Antes que a nada, a mi amor estaré atentoy con tal celo y siempre y tanto

que aun teniendo enfrente a un mayor encanto

de él seguirá prendado mi pensamiento;

    

Quiero vivirlo en cada momento

y en su honor he de esparcir mi canto

reír mi risa y derramar mi llanto

a su pesar o para su contento;

   

Y así, cuando más tarde me busque

quién sabe si la muerte, angustia de quien vive,

quién sabe si la soledad, el fin de quien ama,

puedan decirme del amor que tuve,

que no sea inmortal, puesto que es llama

pero sí infinito, mientras dure.

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No digáis que agotado su tesoro “Bécquer”

 

    No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.         

     Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!

   

   

     Mientras la humana ciencia no descubra
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!

  

  

     Mientras se sienta que se ríe el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!

  

  

     Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!

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Enfrentar mil ejercitos “Mª Ángeles Reina”

 

    Enfrentar mil ejércitos,Cara a cara, sin problema.

Que la vida penda de un hilo,

Bienvenida muerte, tarde llegas.

Al desierto hostil atravesar,

Montañas imposibles a escalar;

Ni gota de sudor en la frente,

Ni duda alguna al caminar.

Pero, ante los ojos de una dama,

Nada queda, todo se nubla;

El corazón en arritmia canta;

El pulso antes firme ahora tiembla;

La voz como trueno, ahora calla.

Ya el gran Corso lo decía;

“Mas poderoso que mil hombres en batalla,

es el gesto delicado y altivo,

es la gracia y la firme mirada,

que como una descontrolada fuerza te embiste,

la sola presencia de una verdadera Dama.

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Un sonet per a tu “Martí i Pol”

 

    Un sonet per a tu que em fas más clartant el dolor fecund com l’alegria,

un sonet amb els mots de cada dia,

amb els mots de conèixer i estimar.

     

     Discretament l’escric, i vull pensar

que el rebràs amb discreta melangia,

com si es tractés dálguna melodia

que sempre és agradable recordar.

    

     Un sonet per a tu; només això,

però amb aquell toc lleu de fantasia

que fa que els versos siguin de debò.

    

     Un sonet per a tu que m’ha permès

de dir-te clarament el que volia:

més enllá de tenir-te no hi ha res.

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¡Que viene el Lobo! Sobre el Miedo

 

    No hay especie más miedosa que la humana. Dicen que es un tributo a nuestros privilegios. Somos previsores, anticipamos lo que va a suceder, pero puede que nos pasemos de rosca y nos provoquemos… miedo.    El ser humano siente miedo y responde con mecanismos que conoce: huida, ataque, inmovilidad y sumisión. Biológicamente, el miedo no plantea ningún problema: ¿Qué va a hacer la gacela sino huir del leopardo? ¿Qué otra cosa va a hacer el escarabajo sino hacerse el muerto cuando lo toco? Pero los seres humanos queremos vivir por encima del miedo; sabemos que no podemos eliminarlo sin caer en la locura o en la insensibilidad. Como decía Aristóteles, queremos actuar a pesar del miedo.    ¿Qué es el miedo?

    ¿Es una creación de nuestra mente o una forma de inseguridad? El miedo es la sensación más primitiva que existe en nosotros; emerge de lo más profundo de nuestro mundo emocional, como un instinto de defensa contra algún peligro que nos amenaza.

    ¿A qué tenemos miedo?

    Tenemos que diferenciar primero qué tipos de miedos hay: si son externos, como por ejemplo a perder el trabajo, nuestra posición social, la pareja, o si son internos: miedo a la muerte, a la soledad, a no ser amados. Hay que saber qué miedos dependen de nosotros y cuales no, porque si es algo que no depende de nosotros, ¿por qué preocuparnos?

    ¿El miedo es natural o es creado?

    Los grandes medios de comunicación nos bombardean continuamente con violencia, sangre, sexo, drogas, terrorismo, guerras, tabúes sociales creados por los medios, para que nunca intentemos romper nuestras cadenas y sigamos teniendo miedo. ¡Somos los nuevos esclavos del siglo XXI!

    ¿Cómo controlar la ansiedad antes de que le controle a usted?

    Cuando una persona tiene pánico, no tiene miedo, sino una especie de delirio, de locura.  Con miedo una persona se detiene ante una situación y se queda completamente inhibida. Con pánico sale corriendo y se rompe la cabeza contra la pared. El pánico se manifiesta por la ignorancia de no saber interactuar con el miedo. Cuando el miedo surge y nos deja paralizados, tenemos que quedarnos parados y no desesperarnos.

    ¿Cómo vencer el miedo?

    La primera solución es la de conocerse a sí mismo, para saber dónde está nuestro problema. Pero el miedo ha estado alojado en nosotros durante mucho tiempo, como para que acepte irse por las buenas: luchará y luchará. Primero nos hará falta tiempo, y así podríamos empezar enfrentándonos a nuestros pequeños miedos diarios: preocupaciones,  dudas, inseguridades, rencores. En segundo lugar, habrá que estar atentos para reconocer el miedo. Y en tercer lugar, tener la paciencia de seguir intentándolo, de no aceptar las derrotas como hechos definitivos, de saber que tras cada derrota estará más cerca el día de la victoria final; entonces vencer el miedo será cuestión de tiempo. Hay que fortalecerse.

    Dicen que la virtud que vence al miedo es el valor y… Platón se preguntaba: ¿Qué es el valor?, a lo que respondía: “Es saber lo que se debe temer y lo que no se debe temer, y actuar en consecuencia”. Por tanto, en primer lugar hay que tener sabiduría; el temerario no actúa con valentía, sino que lo hace sin pensar, al igual que los niños que, por ignorancia, no temen a nada. Y en segundo lugar tenemos que actuar; hoy estamos enfermos de teoritis.

    El valor es lo que nos debe caracterizar. Los estoicos decían: “El valor es la lucha contra miedos y dolores, y también contra los deseos y las pasiones”. Actuar con valentía es hacer lo que nos parece justo, sin desviarnos ni por el placer ni por el dolor. Una definición muy sencilla de valor sería: Valiente es aquel a quien la dificultad o el esfuerzo no le impiden emprender algo justo o valioso, ni le hacen abandonar el propósito a mitad del camino.

    Si la filosofía ha iluminado nuestro corazón y nuestra mente, nos queda la parte más difícil: su puesta en práctica. El miedo ya no será más una enfermedad ni del cuerpo ni del alma. Entonces, tal vez si es cierto que hay dioses y ángeles en el Universo, los escucharemos reír de felicidad al ver que hay un ser humano que ha sido capaz de vencer la sombra del miedo, ya que, según las tradiciones antiguas, los dioses y los ángeles siempre se alegran de nuestras victorias, porque nos acercan más a ellos.

Marcelo Pena

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Cómo superar nuestros límites

 

   

El conocernos a nosotros mismos y superarnos, aunque es una de las vertientes más antiguas de la filosofía, es también la más difícil y en cierta forma menos explorada en el sentido natural y directo de la palabra. Releamos juntos un cuento del psicólogo Jorge Bucay:

Había una vez  un niño, como nosotros, que lo que más le gustaba de los circos eran los animales, y le llamaba especialmente la atención el elefante. Durante la función la enorme bestia hacía gala de todo su peso, un tamaño y una fuerza descomunales. Pero después de su actuación el elefante permanecía atado a un pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio es  evidente. ¿Por qué no huye?

El niño confiaba en la sabiduría de los mayores y preguntó a su padre sobre el misterio del elefante. Alguno de ellos le explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. ¡Ahhhh! Hizo entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? Ninguna respuesta coherente obtuvo. Años más tarde descubrió alguien, verdaderamente sabio en cuestiones de elefantes, que había encontrado la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerrad los ojos e imaginad al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. En aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginad que se duerme agotado y que al día siguiente lo vuelve a intentar, y al otro día y al otro… Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer, y jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos atados por el mundo a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que no podemos hacer montones de cosas, simplemente porque lo intentamos una vez y no lo conseguimos, y nos grabamos el mensaje: No puedo y nunca podré. Pero nuestra única manera de saber si podemos es poniendo en ello todo nuestro corazón y nuestra inteligencia.

Observemos primero nuestra inteligencia. Tratad de tomar distancia respecto de vosotros mismos y miraros como si fuerais otra persona. Pensad en el estado de ánimo que os encontráis ¿Podéis identificarlo?  Pensad como está trabajando vuestra mente ¿es rápida, despierta? La capacidad de hacer lo que acabáis de hacer es específicamente humana y se llama autoconciencia. Es la aptitud para pensar en los propios procesos del pensamiento, por eso podemos evaluar nuestras experiencias, y podemos crear nuestros hábitos. Podemos darnos cuenta de que no somos nuestros sentimientos, no somos nuestros estados de ánimo, ni siquiera somos nuestros pensamientos. La autoconciencia permite distanciarnos y examinar aun nuestra propia vida para cambiarla y mejorarla.

Para reconocernos es útil realizar un sencillo ejercicio mental: ¿Recordais haber pasado sed en un día muy caluroso?, pero ese recuerdo no nos hace volver a pasar sed, ¿verdad?. En cambio recordar un episodio triste puede sumirnos de nuevo en la tristeza. Incluso recordar uno alegre nos pone tristes, porque ahora no está. Por esta regla de tres recordar un episodio triste debería alegrarnos porque ahora no lo pasamos, o entristecernos porque podría volver a pasarnos, pero también puede volver el momento alegre… ¿qué hacemos?¿estamos tristes o alegres?: Depende de una decisión de la mente.

Realmente no dominamos mucho nuestra mente, somos capaces de confundir muchas cosas, confundimos “vencernos” con vencer a otros, porque nuestra sociedad es extremadamente competitiva y exitista. En una competición, lo importante es dar lo mejor de uno mismo, la cuestión no es ganar a los demás porque es absurdo querer controlar como lo harán los demás, lo que depende de nosotros es como lo haré yo. La cuestión no es ganar a los demás sino aprender, no importa gane o pierda.

Pero a pesar de la importancia que tantas filosofías han dado a la mente como la gran clarificadora, también la filosofía clásica ha tenido claro que la razón por sí sola no puede contestar todas las preguntas que los seres humanos pueden formular. Grandes preguntas como ¿qué es la vida? ¿qué es la conciencia? ¿qué hay después de la muerte? Permanecen opacas a la luz del pensamiento y para contestarlas se utiliza la fe. La fe es una pasión muy fuerte para bien o para mal. La fe en un dios o en un final feliz, puede hacernos soportar cosas difíciles de soportar, pero…. los hombres crueles creen en un dios cruel y utilizan su creencia para justificar su crueldad. La bondad o la maldad no emanan de la fe religiosa: la fe puede magnificar lo que ya está presente, la bondad o la maldad. Así que para superarnos, superar una crisis, podemos utilizar otra fuerza presente en nosotros, parecida a la fe pero quizás más limpia y más sensata: el sentido de la vida, el sentido de porque hacemos las cosas, para que vivimos, la búsqueda incansable del sentido de la vida.

Hace bastantes años se realizaron en varios países europeos una encuesta de opinión. Los resultados: el 80% de la población encuestada reconocía que el hombre necesita algo por que vivir. Y el 61% admitía que había algo, o alguien (un hijo, un padre), en sus vidas por cuya causa estaban dispuestos incluso a morir. Si hoy repetimos esa encuesta nos damos cuenta que la falta de sentido, de propósito en la vida ha sido la gran calamidad filosófica del siglo XX y sigue siéndolo en este siglo XXI. Son tantos los que carecen de un propósito firme en sus vidas, que esa carencia ha llegado a considerarse algo normal. Pero pocos viven felices de este modo. No nos suele satisfacer la idea de que nuestras vidas y nuestro mundo sea fortuito por completo, de que no tengan pies ni cabeza. El sueño de que basta con mejorar la situación socioeconómica de las gentes para que todo marche perfectamente y todos sean felices es falso.

Hoy el vacío existencial es un fenómeno muy extendido, y es una de las causas más frequentes en la consulta del psiquiatra. Hay que encontrar el sentido de la vida, esa búsqueda nace de una tensión interna, que no es una enfermedad. Esta tensión es un requisito indispensable para la salud mental, es la tensión entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido; o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser. No debemos dudar en desafiarnos a cumplir nuestro sentido potencial. Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es vivir sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones si no esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena.

¿Pero qué sentido? Qué  podemos hacer ante la pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? Dudo que haya ningún médico o filósofo que pueda contestar a esta pregunta en términos generales, ya que el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un momento a otro. Plantear la cuestión en términos generales puede ser como preguntarle a un jugador de ajedrez, cual es la mejor jugada. Lo que ocurre, es que no existe la mejor jugada si se la considera fuera del momento especial del juego. El sentido de la vida es único para cada uno, en cuanto es uno mismo y uno sólo quien tiene que encontrarlo.  No es un sentido abstracto de la vida, sino nuestro cometido concreto, por el que no nos pueden reemplazar. No es preguntarle a la vida por su sentido, pues nosotros somos responsables de contestar a la vida. En verdad es la vida la que nos pregunta a nosotros: Y tú, ¿qué haces aqui?

¿Verdad que no tenemos el mismo fin o propósito a lo largo de toda la vida?. Por ejemplo, de niños queremos ser adultos, luego terminar los estudios, o encontrar tal trabajo, la pareja, viajar, … pero cuando los fines son tan cotidianos, en breve o un poco menos breve plazo, sobreviene el temido aburrimiento, un aburrimiento que cubrimos con múltiples actividades carentes de propósito todo el tiempo que podemos. Es curioso que los animales no se aburran, excepto los que están enjaulados. ¿Será que el hombre está también enjaulado? ¿Y quién lo ha enjaulado? ¿Nosotros mismos? Nadie se aburre cuando tiene un propósito, aunque sea el más elemental de preservar la vida, nadie se aburre en una crisis, y en las situaciones difíciles solemos ser increibles

Existe un riesgo al enseñar la teoría de que el hombre no es sino el resultado de sus condiciones biológicas, sociológicas o el producto de la herencia y el medio ambiente. Esta concepción del hombre hace de él un robot, no un ser humano, y al hombre se le niega la libertad. Hay tres teorías deterministas ampliamente aceptadas, que independientemente o en combinación pretenden explicar la naturaleza del hombre. El determinismo genético dice básicamente que la causa de como somos proviene de los abuelos. Esa es la razón de que tengamos mal genio. Esta en el ADN. El ADN pasa de generación en generación y lo hemos heredado, a no ser que por azar se cuele una mutación genética cuyo resultado es más que incierto. El determinismo psíquico dice básicamente que los motivos se enraizan en los padres, la educación, nuestras experiencias infantiles que compusieron nuestro carácter. Así que llegamos tarde a los compromisos, porque un castigo de pequeños nos traumatizó, o por otro trauma somos introvertidos, aunque a veces nuestra hermana gemela (mismos genes y educación) sea ¡tan sociable! ¿O no será mi hermana gemela?. Y aparece también el determinismo ambiental que dice que la culpa es del jefe, del ambiente de trabajo, de la situación económica que estoy pasando, alguien o algo del ambiente es responsable de mi situación.

No pretendo desvalorizar posibles influencias, pero todos estos mapas se basan en la teoría estímulo-respuesta de los experimentos de Pavlov. Hay una historia ejemplificadora de un psiquiatra: Victor Frankl, era un determinista, educado en la tradición de la psicología freudiana según la cual lo que nos sucede de niños da forma a nuestro carácter y gobierna nuestra vida. Era también judío y estuvo encerrado en campos de concentración nazis donde experimentó cosas tan repugnantes que nos parecen inconcebibles. Sus padres, su hermano y su mujer murieron en los campos, en cámaras de gas. El fue torturado y sometido a humillaciones, sin saber si en el momento siguiente lo llevarían a la cámara de gas. Un día, desnudo y solo en una pequeña habitación, empezó a tomar conciencia de lo que llamó la libertad última, esa libertad que los carceleros no podían quitarle. Ellos podían controlar todo su ambiente, hacer lo que quisieran con su cuerpo, pero no con él, en su interior podía decidir cómo le afectaba todo aquello. Entre lo que sucedía (estímulos) y la respuesta, estaba él, su libertad, su poder para cambiar una respuesta automática, porque el ser humano es autoconsciente.

Victor Frankl mediante disciplinas mentales como la memoria y la imaginación ejerció su pequeña y embrionaria libertad, que creció hasta llegar a ser mayor que la de sus carceleros, que tenían libertad exterior, pero él tenía la más poderosa de todas, la interior. Se convirtió en un ejemplo para quienes lo rodeaban, incluso para algunos guardias. Ayudó a otros a encontrar un sentido a su sufrimiento y dignidad en su vida de prisioneros. En las más degradantes circunstancias imaginables, Frankl usó el privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre: entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir.

En el hombre existe algo más: Un espíritu. Todo ser humano tiene la libertad de cambiar algo en cada instante, y uno de los rasgos principales de la existencia humana es la capacidad para elevarse por encima de las condiciones biológicas, psicológicas o sociológicas y trascenderlas. Porque es verdad que no tenemos más remedio que heredar los genes de nuestros padres, pero no estamos obligados a heredar sus imperfecciones morales. La libertad nos hace responsables, nos toca hacer algo, nos toca dar, nos toca amar, no tanto ser amados, no podemos pedir solo ser respetados, sino respetar.

Hay otro poder presente en los seres humanos que sirve para superarnos: nuestros sentimientos elevados, que a veces simplificamos con la palabra amor, y en él englobamos las fuerzas más poderosas que existen en el Universo. Algunas personas creen que la naturaleza humana es agresiva. No estoy de acuerdo, creo que, desde nuestro nacimiento hasta el último de nuestros días, la compasión y el afecto humano son factores cruciales en nuestras vidas.

Si nos fijamos en nuestra estructura física, nos daremos cuenta de que los seres humanos cuentan con una característica única: la sonrisa, que es una expresión de felicidad y de calidez.  Según los neurocientíficos, son los profesores que no solo nos enseñan sino que lo hacen con sincero afecto humano, los que calan más hondo en nuestra memoria. Más tarde al hacernos mayores, a veces nos sentimos totalmente independientes, no necesitamos ayuda y descuidamos el valor del afecto. Nuestro corazón no ha avanzado a la par que nuestra vida. El mundo de hoy es complicado y con mucho sufrimiento debido a la falta de sentimientos.

No estoy refiriendome a ser dependiente del cariño, de la aceptación de los demás, o que nuestro “sentido de vida” y seguridad provengan de la opinión que tengan de nosotros. Hay que ser independiente no solo física, y emocionalmente sino mentalmente, puedo solucionar mis problemas, y expresar mis pensamientos sin la ayuda de otros. Es fácil ver que la independencia es más madura que la dependencia. Pero la independencia no es infalible, pues la vida es interdependiente, es decir si trabajamos juntos, logramos mucho más que solos. Emocionalmente, no dependo de la aprobación, pero soy capaz de dar amor y recibirlo. Intelectualmente, pienso por mi mismo, pero acepto las ideas de otros y me amplio. La interdependencia es una elección que sólo está al alcance de las personas independientes. Y además es el modo más claro y natural de contrarrestar los sentimientos de vacío en vuestra vida: ayudando a otros. Es un camino humano que nos lleva a superarnos y sentir verdadera satisfacción con nuestra vida. ¡Intentemoslo!

 

Sara Ortiz Rous

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Lao Tse y el Tao

 

Lao Tse es una figura legendaria, como todos los grandes maestros de la Humanidad. Según la leyenda fue dado a luz por una madre virgen que lo llevó en su seno durante setenta y dos u ochenta y un años hasta que un día, mientras descansaba bajo la sombra de un ciruelo, una partícula del sol semejante a una perla se introdujo por la boca de la virgen e hizo que se le abriera la axila y naciera Lao Tse, canoso, como si hubiera meditado mucho. La palabra Lao significa viejo, la palabra Tse, maestro, de suerte que Lao Tse significaría Viejo Maestro.

Nació en una pequeña aldea del reino de Tch’en  (sur de China), en ese siglo VI a.C., tan fructífero en grandes personajes, contemporáneo de Buda, Zoroastro, Mahavira, Pitágoras y otros presocráticos. No podemos determinar ni el año de nacimiento, ni el de su muerte, ni siquiera con aproximación de algunos años. La única fecha que conocemos de su vida, es el encuentro con Confucio, donde tuvo lugar un eclipse de sol. El cálculo nos da un eclipse de sol en el 518 visible desde China; presumiblemente Confucio tenía alrededor de 34 años, y Lao Tse unos cincuenta más, así que nació alrededor del 600 a.C..

De este encuentro con Confucio, nada del cierto se sabe, solo queda el comentario de Confucio: Los pájaros vuelan, los peces nadan, los cuadrúpedos corren. Al que corre se le agarra con la red, al que nada con un anzuelo, al que vuela con un arco. En cuanto al dragón, que se eleva hacia el cielo llevado por el viento y las nubes, no sé yo cómo se le podrá coger. He visto a Lao Tse, hoy he visto un dragón. En China el dragón no es terrestre, es celeste, es símbolo del espíritu.

El Viejo Maestro fue bibliotecario en la corte de los Chou. Un bibliotecario no era en la Antigua China lo que hoy corresponde a ese título; le estaba encomendado un cargo sacerdotal y su misión consistía en consultar los archivos, los oráculos, el sentido de la existencia, del éxito y la decadencia: era un sabio de la antigua tradición.

El propósito de las palabras es transmitir las ideas: Cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras? Con ese me gustaría hablar.

Dicen que Lao Tse no quería hablar. Había emprendido viaje hacia las cordilleras del Oeste para acabar sus días en paz. El guardián del paso de Huan-Ku le observaba, el solitario centinela del paso de las montañas, había vivido lo bastante para conocer que aquel anciano reticente era un sabio: sus ojos lo delataban, y el gesto de sus manos al sentarse, y la presencia que emanaba de su cuerpo. Se veía que su casa era el ancho mundo, la tierra su almohada, las estrellas sus sábanas. Olía a silencio y soledad como el viento del espacio. El guardián tomó una resolución, empuñando su arma le dijo: No os dejaré marchar si no me dais una parte de vuestra sabiduría.

Lao Tse que había intuido hacía rato sus pensamientos sacó pincel y comenzó a trazar caracteres, 5000 ideogramas, sobre la túnica de seda que le ofreció el soldado, destilando en ochenta poemas una de las experiencias más sensata de la raza humana: El Tao Te King.

Este es un libro para quienes no confían en las palabras; desde el inicio advierte: El Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao. Pero Lao Tse hizo lo imposible, un libro que se lee, se relee  y disfruta durante toda una vida. Un libro de consulta que cambia con los años, como el vino, destilando nuevos sabores, pensamientos no descubiertos. La sabiduría que intenta comunicar Lao Tse es el modo de ser de la naturaleza y la manera de obrar nuestra para asemejarnos lo más posible a ella.

¿Qué es el Tao Te King? Traducido “el libro del sentido y de la vida”. A veces nos gustaría que se nos dijera al estilo occidental, el Tao es de tal y cual modo y, en consecuencia, el sabio se comportará de este y aquel modo, pero no es así. El lenguaje puede ayudarnos a entender un concepto pero no la experiencia del Tao, decían los filósofos taoistas que hay que transmitir lo que armoniza y trasciende los contrarios mediante el silencio.

El Tao es incognoscible, inefable e infinito. La palabra Tao está compuesta de dos ideogramas: uno es cabeza, el otro es marchar; puede significar hombre que camina, ir conscientemente, camino, sentido, Logos, vía.

En su sentido original cósmico, el TAO es la realidad última, indefinible y como tal es el equivalente del Brahman hinduista o del Dharmakaya budista. Su cualidad es intrínsecamente dinámica que, desde el punto de vista chino, constituye la esencia del universo. El Tao es percibido como flujo y cambio continuos.

La confusión sobre esta palabra ha sido grande en Occidente desde que los primeros jesuitas llegaron a China la tradujeron con inescrupulosa simplicidad por la palabra Dios, pero no es ni una personificación de lo divino a semejanza del hombre, ni la causa de lo manifestado, sino que está más allá.

Lao Tse  distingue desde el primer capítulo dos estadios diferentes del Tao:

  • - Eterno, que no tiene nombre, trascendente. Es evidente que el Tao no se desenvuelve en el tiempo, ni en el espacio, mirándolo no se le ve, escuchándole no se le oye, tocándolo no se le siente. Solo depende de sí mismo, lo demás recibe su sentido de algo externo, el Ser humano lo recibe de la Tierra, la Tierra del Cielo, y el Cielo del Tao.

  • - Con nombre, madre de todos los seres, puede recibir tantos nombres distintos como seres concretos. Sería una roca, un hombre, un pájaro, un arroyo. El Tao está en todas las cosas despreciables y en las nobles, tiene el germen de la diversidad.

Dice el Tao Te King: Del Tao surge el Uno, luego el 2, luego el 3 y los 10.000 seres. Es un proceso de cosmogénesis presente también en filósofos griegos y helenísticos..

En las raíces del pensamiento y el sentimiento chinos reposa el principio de polaridad, que no debe confundirse con los conceptos de oposición o conflicto. En otras culturas está la luz en lucha con la oscuridad, la vida con la muerte, lo positivo con lo negativo. Para el modo de pensar tradicional chino, esto resulta tan incomprensible como la existencia de una corriente eléctrica sin sus polos  positivo y negativo, como el norte sin el sur, la desaparición de uno es la desaparición del  otro. Las polaridades son estados extremos de una misma cosa, como las dos puntas de un bastón.

Los chinos llaman a los dos aspectos de la polaridad el yin y el yang, que literalmente significan el lado umbrío, oscuro de una montaña, y la vertiente soleada. Representan las polaridades de la realidad sensorial: día y noche, masculino y femenino, mente y materia, bien y mal, luz y oscuridad, fuerza y debilidad, cielo y tierra. En el reino del pensamiento, yin es la compleja y femenina mentalidad intuitiva, yang el claro y racional intelecto. Yin es la tranquilidad, la quietud contemplativa del sabio, yang la fuerte acción creativa del rey.

Son fuerzas opuestas pero complementarias cuya interacción genera el Universo, como la dualidad Purusha-prakriti del Samkhya hinduista, o  Gea-Uranos de Homero.

El conocido diagrama del yin-yang es explícito: Todo es dual (las dos lágrimas, blanca y negra). Los opuestos se complementan, forman un círculo, la figura sin fin. Además: Todo es dinámico, es una simetría rotacional que sugiere, de modo muy enérgico, un continuo movimiento cíclico. Y los dos puntos simbolizan la idea de que cada vez que una de las dos fuerzas alcanza su límite, contiene en sí misma la semilla de su opuesta.

Esta es una visión del mundo que no se ha tenido en Occidente desde que se olvidaron las palabras del presocrático Heráclito: “Armonía en la diversidad como el arco y la lira”, una tensión, una fuerza armónica, ni flojo, ni rígido. O el fluir del tiempo, de todo lo manifestado  “No te bañarás dos veces en el mismo río” o las paradojas aparentes “La noche empieza al mediodía“. No es la lógica aristotélica, las cosas no acaban nítidamente, sino que todo está en todo, todo desborda, fluye, cambia, se interpenetra.

Lo que a veces parecen paradojas no lo son tanto para aquellos que reflexionan y meditan un poco lo profundo de las esencias. Así al leer: El retorno es el movimiento del Tao, nos sugiere observar los movimientos del Sol y la Luna, y de la sucesión de las estaciones, y vemos que una situación se lleva a su punto extremo, está destinada a darse la vuelta y convertirse en su opuesto. Exactamente del mismo modo que el hombre que va siempre hacia el Este, acabará en el Oeste, aquellos que acumulen cada vez más riqueza acabarán por ser pobres. En el ser humano, desde esta perspectiva es mejor tener poco que tener mucho. Este es el retorno, la vuelta de todas las cosas que ha infundido, no sólo a los filósofos taoistas sino al pueblo chino, valor y perseverancia en los momentos de aflicción y les ha hecho cuidadosos y modestos en los momentos de éxito. Con esta idea llega una de las mayores paradojas del Tao Te King:

Úsate y permanecerás nuevo

Vacíate y permanecerás lleno.

Doblégate y permanecerás erecto.

Hay una parábola conocida:  El sauce es débil, el pino fuerte. Cuando nieva sobre una rama de pino la rama aguanta rígida hasta que acaba por quebrarse; cuando nieva sobre un sauce las ramas se inclinan dejando caer la nieva y vuelven a levantarse. Así lo débil es lo fuerte.

La eficacia del Tao reside en su vacío, sin vacío nada podría producirse. La utilidad de la vasija no está en la arcilla sino en el hueco, en la falta del material. Un vaso lleno de tierra no nos permite utilizarlo para beber. En una casa lo útil son los vacíos, los huecos, puertas, ventanas, habitaciones, sino no se podría vivir, ni entrar. Y en el hombre lo útil  no son sus horas llenas sino las horas vacías que tiene para dedicarse a sí mismo o a otros seres humanos, las horas en las que estamos prestos a servir.

Así debe ser el hombre sabio, traducción del término shen jen. La principal virtud es su conformidad con el Tao, busca la naturalidad y la espontaneidad, el Wu Wei, traducido literalmente por hacer nada, pero no hacer no significa no hacer nada, sino ¿Cómo comprender: Aquel que no actúa, no deja entonces nada por hacer y conquista el mundo?. Wu Wei significa abstenerse de toda actividad que vaya en contra de la naturaleza. Actuar en armonía con la naturaleza, sin hacer violencia, es actuar en vacío.

¿Qué significa vacío?, Es actuar sin deseo personal, en el vacío de sí, tal como enseña el Karma Yoga del Bhagavad Gita. Ya no hay un Yo que actúa según gustos y disgustos personales, sino que somos una caña hueca por donde suena el viento de la historia. Dice Chuang Tse que mientras las pasiones, los estados de ánimo y los impulsos nos agitan el corazón hay acción, y cuando éste permanece estable, permite que reine la calma, y cuando hay calma hay claridad, y si hay claridad hay vacío, y si hay vacío no hay acción, y la inacción no deja nada por hacer. Este es el significado de las palabras aparentemente absurdas de Lao Tse: mediante la no-acción todo puede hacerse.

Además de su conformidad con el Tao, el hombre perfecto es rey de sus oídos y su boca, no tiene egoísmo, no tiene corazón propio, sino que hace suyos los corazones de la gente. Es humilde, no se envanece con los éxitos, es como el agua. El agua se adapta siempre: cuando está en un hueco se arremansa, cuando llega un plano se desliza, cuando hay pendiente corre y siempre con perfecta naturalidad. Nada más blando que el agua, y vence lo más duro: rompe acantilados, erosiona valles. Agua y espejo: cuando el agua está quieta es un espejo. Nadie se mira en aguas turbias, así la mente sólo entiende, refleja con precisión el mundo cuando está calmada.

Y nada de virtudes artificiales: sorprende que Lao-tse critique la justicia y el amor Cuando decayó el Tao aparecen la caridad y la justicia. Lo que condena es la sustitución del Tao por el formalismo cultivado artificialmente de los letrados de su tiempo. Eliminad los eruditos, desterrad los astutos, ingeniosos en palabras, y el pueblo saldrá ganando con creces. Rechazó como Sócrates los sofistas, porque con las virtudes falsas había pervertido la simplicidad y honradez.

Lao Tse nada ha dejado de sus ideas sobre qué es el alma, la libertad, el conocimiento. Se ha limitado a recomendar la conformidad con el Tao, cuidado de no arriesgar la vida por la codicia, no gastarla en cavilaciones abstrusas para no enfermar. Lao Tse como otros sabios orientales, tiene una meta: la transmutación, un aquietamiento físico y mental para facilitar el ascenso a los diferentes niveles de conciencia.

La calma real y sorprendente de las personas como Lao-Tse proviene del hecho de que están dispuestas a hacer lo que deban en cada circunstancia. Se han preparado a lo largo de su vida, han superado las adversidades porque han encontrado la esencia del espíritu, porque acallando las voces del yo, han escuchado el susurro del nosotros, y nos dejan la estela de su paso, difuminada por el tiempo que ha pasado, pero que guarda un perfume que huele a tierra mojada, y a viento de las altas montañas. Ahora está en nuestra mano seguir el camino. Un camino de mil millas empieza con el primer paso y está bajo nuestros pies.

Sara Ortiz Rous

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¿Talayots?

 

    Ha querido el Hado que sobre la cultura talayótica mallorquina se halla perdido casi toda fuente histórica que permita reconstruirla y conocerla. Pero han querido los investigadores, en base a su esfuerzo e inteligencia, encontrar el suficiente material como para ofrecernos una composición de lugar sobre ese pasado tan enigmático de la isla de Mallorca.

        Convencionalmente, se ha clasificado la prehistoria de la isla de Mallorca en tres grandes periodos:

  • a) Período Neolítico (4.000 a 2.000 a. de C.).

  • b) Cultura Pretalayótica o de las cuevas (2.000 a 1.200 a. de C.).

  • c) Cultura Talayótica (1.200 a 123 a. de C.).

       

Como todas las divisiones cronológicas de la Historia, debemos tomar esta clasificación de manera muy provisional porque, amén de la falta de dataciones definitivas, debemos tener en cuenta que la cultura talayótica presenta ciertas afinidades con las culturas megalíticas (del griego megas = grande, lithos = piedra) del Neolítico Superior (construcciones sacras y funerarias a base de enormes bloques de piedra) que se hayan en gran parte del mundo. Los ganaderos nómadas de Palestina, p. ej., erigían a sus muertos un menhir (gran piedra vertical) antes de proseguir la marcha. Al norte de Jerusalén están  las “Tumbas de los Hijos de Israel”, la mayor de 50 mts. de largo, dos de ancho y cinco de alto. Los templos colosales de Malta, la torres de Córcega o los dólmenes de España (p. ej., la cueva de Menga con una piedra de techo de 170 toneladas), son, en parte al menos, una expresión de parentesco espiritual a través de miles de kilómetros con los megalitos de Bretaña, los de Stonehenge e incluso, tal vez, con las tumbas de los hunos del norte de Europa.

        Parte del pueblo que originó esta cultura procedía del Mediterráneo oriental, gentes que los documentos egipcios llaman Pueblos del Mar y de los que encontramos huellas en otras islas mediterráneas, especialmente en Creta, Malta, Gozo, Sicilia, Cerdeña y Córcerga. En estas dos últimas islas hay “nuraghi” y “torri” muy semejantes a los talayots mallorquines.

        Esta cultura ha sido bautizada en razón de la construcción más característica de aquel tiempo: el talayot, una torre o atalaya construida con grandes bloques de piedra caliza. Su planta en la mayoría de los casos tiende al círculo, pero también se encuentran de planta absidal, rectangular y ovalada. Las cámaras se cierran por aproximación de hiladas o se cubrían con losas Algunos talayots, como el de “Capocorb Vell”, conserva un pasadizo que  desciende desde el primer piso en espiral hasta un habitáculo en forma de ovalada muy parecida a los cartuchos egipcios, como si fuera una matriz ctónica o un nicho. Tanto de su forma como de su tamaño se deduce un probable uso ceremonial, donde los neófitos de la religión talayótica pasarían determinadas pruebas relacionadas con cultos iniciáticos.

        El talayot suele pertenecer a un poblado, si bien algunos poblados crecieron posteriormente alrededor de talayots solitarios. Es el mismo fenómeno que la aparición de las ciudades medievales en torno a un castillo o iglesia. Y al igual que en estos edificios, en algunos poblados talayóticos se hallan pasadizos subterráneos que enlazan diversos monumentos. Es difícil calcular el número de poblados talayóticos que existieron en la isla, porque muchos han sido destruidos. Pero se puede decir con seguridad que hubo más de 200. si tenemos en cuenta que se ha calculado una media de 300 habitantes por poblado, en aquel periodo Mallorca contaba con unos 50.000 habitantes. Destacan los poblados de Son Taixaquet, Capocorb Vell, de Llucmajor, S’Illot, Ses Païsses, Son Herevet, Es Mitjà Gran, …

        El hombre talayótico conoció los cereales y el molino de mano (amoló) con el que fabricar la harina.  Se alimentó de carne de cabras, ovejas, bóvidos y cerdos. Fabricó cisternas donde almacenar el agua y fabricó objetos de bronce como espadas, cuchillos, diademas, hachas. La cerámica es de paredes más gruesas que en el Pretalayótico y la cocían al aire libre en contacto directo con el fuego.

        La práctica de enterrar a los muertos rodeándolos de objetos que habían usado en vida indica que creían en la supervivencia del alma en el más allá.   Los enterramientos y las ceremonias pertinentes se realizarían en cuevas naturales o artificiales o en construcciones subterráneas dentro de los poblados. Sus santuarios han llegado a nuestros días muy deteriorados y nada se sabe de qué clase de culto realizaban ni a qué divinidades adoraban. Han aparecido elementos relacionados con el toro, como los famosos Toros de Costitx, y esculturas votivas que representan en su mayoría a guerreros, tal vez, divinidades de la guerra. Las dos únicas necrópolis conocidas hasta hoy en Mallorca son las de Son Real e “Illot des Porros”. Unas 200 tumbas de planta rectangular, circular y absidal, se levantan a la orilla misma del mar. Es evidente que las necrópolis citadas se extendían hacia el mar, pues se adentran mar adentro unos regatones paralelos entre sí. Sería interesante computar en qué época se produjo el aumento del nivel del mar en la costa mallorquina, porque así tendríamos una referencia más para datar la cultura talayótica.

        No se conoce mucho respecto a sus conocimientos científicos, pero se han hallado en la Necrópolis de Son Real cráneos trepanados que demuestran la supervivencia del paciente y determinado desarrollo de la medicina.

        La lenta decadencia de esta cultura se inició en el s. VIII a. de C. Los baleares que encuentran fenicios, griegos, cartagineses y romanos ya no habitan en los poblados y tienen que alistarse en los ejércitos como mercenarios para subsistir.

        De los datos obtenidos hasta este momento sólo se pueden aventurar algunas hipótesis como respuesta a las siguientes preguntas: ¿de dónde proceden los primeros habitantes de Mallorca, hombres prehistóricos que se supone no conocían el arte de la navegación? ¿A qué dioses adoraban, cuáles eran sus mitos y sus explicaciones acerca del universo y del hombre? ¿Qué técnica emplearon para manipular sillares de 20 a 30 toneladas? ¿Por qué no ha quedado ningún resto de su escritura?, ¿acaso no tenían escritura? ¿Qué idioma empleaban?

 

Francisco Capacete 

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El Principito, fuente de juventud

 

 

“Lo que embellece el desierto

es que esconde un pozo en cualquier parte”.

 

     Si miramos hacia atrás, en el tiempo, vemos que nosotros hemos cambiado tanto cuanto la estructura de la ciudad, los aparatos de teléfono y de televisión, así como ha cambiado la moda y los gobernantes de las naciones. Uno puede decir:  “¡Normal!” Sí es normal. Pero si nos fijamos profundamente en nosotros, nos damos cuenta de que hay cosas que no deben cambiar, como nuestra pureza, nuestra imaginación y nuestros sueños, estas “cosas de niños”, estas cualidades las deberíamos de haber preservado. Debemos preservar las cualidades y con el pasar de los años adquirir unas cuantas más.

     El arquetipo del joven buscador que aún esta descontaminado por el egoísmo y el materialismo, fue dibujado por Antoine de Saint-Exupéry en el personaje  “Principito”,  a quien no atribuyó edad, puesto que quiere decir que la juventud no depende de la edad, y si la perdemos podemos rescatarla.

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     En sus visitas por diversos planetas el Principito nos da muestras de su juventud, de la sencillez e inocencia con que uno puede vivir. Se muestra más receptivo a la belleza, a la amistad y a las ideas de muchas “personas grandes”. La juventud nos permite ver las cosas más claras.

     Cuando el Gran Monarca le propone que sea su ministro de Justicia, diciéndole que juzgarse a sí mismo es lo más difícil, el joven no se sorprende y aún agrega: “Yo me puedo juzgar en cualquier lugar”, el Principito nos transmite una gran enseñanza. ¿Aceptamos el hecho de juzgarnos? o ¿Somos demasiado vanidosos para juzgarnos? Hoy en día queda mal no tener opiniones fijas de las cosas. A medida que vamos creciendo el contacto con los diversos medios de comunicación, amistades y con la familia, hace que vayamos adquiriendo opiniones y prejuicios sobre nuestro oficio, si somos “azules” o “rojos” en la política, cristianos o mulsumanes en la religión y esp hasta las cosas más sencillas como el equipo de fútbol, el estilo de música favorito y otros. Estas ideas son las que solemos afirmar durante la vida sin dejar espacio para la concepción de cualquier otra idea ajena. No concebimos en una discusión la oportunidad de armonizar las ideas, y sí de rechazar unas y admitir otras.

     Todos estos prejuicios nos quitan la posibilidad de juzgarnos, porque ya fuimos modelados y remodelarnos cuesta; salir de la inercia y resistir la corriente contraria que surge cuando uno busca salir del modelo habitual del tiempo que le toca, es difícil, pero se puede con fuerza y constancia, imaginación y sencillez.

     Es muy común hoy en día dejarse esclavizar en un trabajo (que más nos quita que nos aporta), porque hay que pagar la hipoteca de una casa u obtener el ultimo modelo de coche y aparatos tecnológicos. Este hecho podemos llamarlo común pero no normal, pues hay una diferencia abismal entre los dos conceptos. Pueden ser común los asesinatos, pero no es natural. Lo común es lo habitual y lo normal es lo natural. Debemos tener cuidado con eso, pues nos equivocamos en pensar que porque hoy sabemos de muchos casos de asesinatos, que eso sea normal o natural. Y este es uno de los casos donde nos equivocamos. Como este hay muchos más como la violencia, el hambre etc. Estar atentos para no caer en el error de aceptarlos y dejar que formen parte de nuestras costumbres es ser joven.

     Para saber lo que somos y como debemos actuar es necesario juzgarse y para ello hay que quitarse de encima los prejuicios, hay que estar receptivo a las cosas nuevas, reflexionar sobre ellas y asimilarlas.

     Esta predisposición juvenil, la podemos observar en la facilidad que tienen los niños para aprender las cosas. Pensemos en todo lo que hemos aprendido en nuestros primeros años de vida como: caminar, nadar, ir en bici, los cálculos, hablar, escribir y leer, un poco de geografía, historia, ciencia etc. Estas “cosillas” fundamentales si las tuviéramos que aprender cuando grandes nos costaría más esfuerzo y tiempo.

     Al niño en cuestión, el Principito, no le ha costado aprender a domesticar al zorrito; que debe de ser responsable por lo que domestica; la importancia de los ritos y que no se ve bien sino con el corazón.

     Algo que este personaje lleva consigo y que es muy especial es el sentido de búsqueda que da a su vida. Busca amigos y jamás desiste de una pregunta una vez hecha.

     Quizás muchas de las personas que hoy conocen a este personaje no lo “conocieron en el desierto del Sahara”, como su autor, pero sí en el desierto interior o espiritual que desde siglos viene expandiéndose por nuestro mundo. Un desierto que aún cuenta con manantiales de agua fresca y buena; encontrar en libros como este, que nos enseña lo rica que es la vida si pasamos por ella aprendiendo con los hechos, disfrutándola aúnque no todo los momentos sean agradables, y comprender que “es necesario soportar una que otra oruga para ver las mariposas”.

     Encontrar los manantiales nos resulta fácil, darles importancia en nuestra vida es otra historia, pero el primer paso es elegirlos frente a las diversas distracciones que nos atraen todos los días, y luego beber de estas fuentes de vida.

    A lo largo de todos los tiempos hubo gente que dedicó su vida a mantener asequible las mejores fuentes de conocimiento para que podamos pasar por la vida lo mejor posible y aprovechándola para adquirir experiencias que dejen huellas en nuestra alma inmortal. Estas gentes  trabajaron en la Academia de Platón, en el Liceo de Aristóteles, en la Escuela de Filosofía Estoica y en las Escuelas de Arte, Política, Ciencia y Filosofía de Alejandría y de Florencia. Estas gentes han inspirado poetas como Antonio Machado, científicos como Albert Einstein, músicos como Bach, novelistas como Antoine de Saint-Exupery y otros muchos. Esta influencia pode llegar a cualquier habitante de esta tierra, basta ser receptivo a sus ideas para comprenderlas y luego activo para vivirlas.

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     La juventud interior es una de las mejores armas que podemos usar en momentos difíciles, pues ella nos libera de las ataduras del “siempre lo he hecho así” y permite lanzarnos a nuevas aventuras de conocimientos y vivencias.

     El Principito, joven, de fértil imaginación, corazón bondadoso, curioso y decidido es un buen  recuerdo para todos los días, su mirada inocente hacia las cosas puede ayudarnos a ver la belleza que hay en las cosas sencillas de la vida. El Principito es fuente de juventud. Lectura recomendada.

Rafael Gonçalo

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