La unión hace la fuerza

    La búsqueda de la unificación de las fuerzas fundamentales ha sido siempre un objetivo de la física de los últimos siglos. Este proceso iniciado por Newton con la fuerza de la gravitación y por Maxwel al unir electricidad y magnetismo, se vio ampliado con las fuerzas nucleares fuertes y débiles. Científicos de la talla de Einstein dedicaron gran cantidad de sus esfuerzos a intentar unir la gravitación y el electromagnetismo sin lograr resultados claros.

    Muchas veces estos esfuerzos descubren aspectos de la naturaleza que no buscamos, y que posiblemente no hubiéramos deseado encontrar. En esta situación se encontró Glashow cuando propuso una gran unificación ente las fuerzas electrodébiles y las fuerzas fuertes. Su teoría encajaba satisfactoriamente con los fotones, quarks, leptones, y otras partículas elementales que corren por nuestro universo. Pero lo más espectacular de su teoría era que el protón, núcleo del átomo de hidrógeno y pieza fundamental de nuestro universo, era inestable y se desintegraba.

   Por suerte la vida media del protón puede ser del orden de 1030 años, y  dado que la vida estimada del universo andaría por los 1010 años, nos hallamos en la maravillosa situación de que los protones que conforman nuestro cuerpo, las paredes de nuestra casa, el coche de nuestro padre y el pan que compramos al panadero, todavía no se han desintegrado.

   La inestabilidad de protón era una predicción tan interesante que desencadenó una carrera encaminada a su comprobación experimental. Ésta podía ser verdaderamente desesperante e improbable en la vida de cualquier experimentador. Lo que se debía hacer era disponer de una gran cantidad de materia para que contuviera un número muy elevado de protones del orden de 1030 para que la probabilidad de que alguno se desintegre en un tiempo razonable no sea despreciable.

   Pero ¿Cómo tenerlos todos controlados para poder registrar el suceso deseado? No se trata de una tarea fácil, ya que cualquier contaminación o cualquier reacción provocada por un rayo cósmico que incida sobre la gran masa de materia, puede causar una señal parecida. Para evitar esto, hay que trabajar con unas toneladas de materia muy pura, lo que no es sencillo y situarla a gran profundidad para que la capa terrestre que la separe de la superficie sea suficiente para absorber de manera muy eficiente cualquier contaminación por rayos cósmicos (con excepción de los neutrinos, para los cuales la tierra es casi transparente).

   A pesar de todas estas dificultades se han realizado diversos experimentos en diferentes partes del mundo, utilizando cavidades en minas o túneles bajo montañas. Todos ellos han resultado infructuosos y hasta la fecha, no se ha registrado la desintegración de ningún protón. Y he aquí una de las grandezas de nuestro Universo y de la Verdad: ¡Las cosas son como son, independientemente de que nosotros lo sepamos o lo podamos demostrar! Por descontado no se puede afirmar que el protón es absolutamente estable.

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