¿De dónde vengo? se preguntó el Universo

    Hoy en día existen gran cantidad de teorías de la ciencia acerca del origen del universo, de la vida, del ser humano, que siendo todavía teorías, es decir con muchos enigmas e interrogantes a resolver, son consideradas como teoremas e incluso axiomas de la realidad. Este es el precio, que considero bastante alto, que hemos pagado por la popularización de la ciencia.    Una de las ideas paradigmáticas más conocidas, y que la inmensa mayoría de científicos acepta, es el universo creado a partir de una gran explosión inicial, el big bang, en la que se alcanzó una enorme temperatura y una elevada densidad,  y que desde entonces se ha ido enfriando.

    El modelo de la gran explosión no sólo es el que explica de manera más coherente la expansión del universo y la existencia de la radiación de fondo cósmica, sino también es capaz de explicar como se ha creado toda la materia existente, sobretodo la abundancia de helio (el universo conocido está compuesto de un 75% hidrógeno, un 24% helio y un 1% de restantes elementos)

    Aunque es un modelo que vamos adaptando para encajar los nuevos datos que se descubren, no disponemos aún de una teoría aceptada a cerca del origen de la gran explosión. Se habla de una fluctuación cuántica sin poder explicar más porque, por ejemplo, no disponemos de una teoría de la gravedad cuántica.

    Sobre los primeros instantes, es decir aquellos que precedieron los 10-43 segundos después del inicio, solo es posible hacer suposiciones más o menos plausibles. La progresiva disminución de la temperatura llevó a que los neutrones se agruparan con los protones formando núcleos de isótopos del helio que contiene dos protones y dos neutrones, y que es estable.

    Cuando la temperatura disminuyó aún mas, al cabo de unas decenas de segundos después del inicio, los electrones, quedaron atrapados por los núcleos formando átomos. Entonces la sopa que formaba el universo se hizo transparente a la luz (antes era absorbida por los electrones libres). Quizás no sea tan desacertada la famosa  orden  de Dios  que aparece en el Génesis: ¡Hágase la luz!

    Se supone que las fluctuaciones de densidad que aparecieron en el universo primitivo, constituyeron las semillas de los cúmulos de galaxias que conocemos hoy en día, formados por centenares de miles de millones de estrellas como nuestro sol (no andaba tampoco desencaminado Giordano Bruno afirmando en el siglo XVI que habían infinitos soles y infinitos mundos, a pesar de que la Iglesia católica lo torturara y condenara a la hoguera por herejía).

    Son muchas las suposiciones que se hacen en la elaboración de la teoría del origen del universo, todas ellas intentan cubrir nuestra ignorancia en temas tan esenciales, pero gracias a ellas se mantiene la búsqueda, la belleza  y la poesía, en algo parecido debía pensar Gustavo Adolfo Bécquer, cuando escribió:

…mientras la ciencia, siempre avanzando / no sepa  do camina, /

mientras exista un misterio para el hombre, / ¡habrá poesía!.

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