Archivo de Septiembre, 2008

Los despistes de Sir Isaac Newton y Mario Benedetti

 

    Dicen que los genios son despistados para las cosas mundanas, como algunos de nosotros. Sin embargo, su genialidad también se expresa en los remedios que usan para solucionar esos despistes.    En uno de los encuentros históricos más importantes de la ciencia, entre Newton y Halley, el doctor Halley preguntó qué curva creía que era la que describían los planetas. Sir Isaac Newton contestó que era una elipse. El doctor, lleno de alegría y asombro, le preguntó como lo sabía. “Porque lo he calculado”  fue la respuesta, pero al ir a buscar el cálculo no lo encontró. En esa época era como decir que tenía el remedio para la viruela pero lo había perdido.

    Para subsanar semejante pérdida Newton rehizo los cálculos…, y mucho más. Dos años de profunda reflexión dieron al mundo su obra maestra: Principios matemáticos de filosofía natural. Un libro que le hizo famoso y el más respetado y admirado de los científicos de su tiempo, y aún por siglos.

    ¿Por qué? ¿Qué hace tan especial a este libro? Con él cobraron sentido todos los movimientos del universo, explicaba matemáticamente las órbitas de los cuerpos celestes, y identificaba la fuerza que los ponía en movimiento: la gravedad. Y todo esto sólo con tres leyes simples que hoy aprendemos en la enseñanza básica.

    Benedetti en su libro Despistes y franquezas nos enuncia otro tipo de enigma resuelto pero perdido:

   

Todos tenemos un enigma

y cómo es lógico ignoramos

cuál es su clave su sigilo

rozamos los alrededores

coleccionamos los despojos

nos extraviamos en los ecos

y lo perdemos en el sueño

justo cuando iba a descifrarse

   

y vos también tenés el tuyo

un enigmita tan sencillo

que los postigos no lo ocultan

ni lo descartan los presagios

está en tus ojos y los cierras

está en tus manos y las quitas

está en tus pechos y los cubres

está en mi enigma y lo abandonas.

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nada se crea, nada se destruye, todo se transforma

 

    Con la imagen todavía presente de la guillotina sobre la cabeza de María Antonieta, viene a mi memoria una de las muchas cabezas que rodaron en ese reinado del terror, en la Place de la Révolution (hoy Plaza de la Concordia); en mayo de 1794 el químico Lavoisier aceptaba su destino.

    La ley que causó una de las mayores revoluciones de la química fue descubierta por Antoine-Laurent Lavoisier: “La materia no se crea ni se destruye solo se transforma”. Junto con su mujer, que compartía con él la pasión por la  investigación y una inteligencia brillante, elaboraron el sistema métrico, el método de nomenclatura química, identificaron el oxígeno, el hidrógeno, y además de muchas otras aportaciones a la química, demostraron que un objeto oxidado no perdía peso sino que ganaba pues atrapaba moléculas de oxígeno del aire. Fue la primera vez que se comprendió que la materia se puede transformar pero no eliminar. Cuando quemamos un libro, la materia se convierte en ceniza y humo, pero la cantidad total de materia en el universo es la misma.

    En su caso no fue la intolerancia a las nuevas ideas lo que le llevó a la guillotina, sino que fue la crítica a uno de los agitadores políticos de la mayor revolución política en la historia de Europa. Lavoisier como miembro de la Real Academia de ciencias demostró la falsedad de una teoría sobre la combustión de un científico joven: Jean-Paul Marat, y éste nunca se lo perdonó, sediento de sangre como un vampiro no vaciló en denunciarlo a la Asamblea Nacional.

    Desearía que ocurriese lo que Benedetti nos cuenta en su Historia de Vampiros , quizás así las vidas de científicos, políticos o ciudadanos comunes estarían más protegidas. Aquí os lo transcribo:

   

    Era un vampiro que sorbía agua

por las noches y por las madrugadas

al mediodía y en la cena

  

era, ¡abstemio de sangre!

y por eso el bochorno

de los otros vampiros

y de las vampiresas

  

contra viento y marea se propuso

formar una bandada

de VAMPIROS ANÓNIMOS

  

hizo campaña bajo la menguante

bajo la llena y la creciente

sus modestas pancartas proclamaban

¡VAMPIROS BEBAN AGUA

LA SANGRE TRAE CÁNCER!

  

es claro los quirópteros

reunidos en su ágora de sombras

opinaron que eso era inaudito

  

aquel loco, aquel alucinado

podía convencer a los vampiros flojos

esos que liban boldo tras la sangre

   

de modo que una noche con nubes de tormenta

cinco vampiros fuertes

sedientos de hematíes   plaquetas   leucocitos

rodearon al chiflado   al insurrecto

y acabaron con él y su imprudencia

cuando por fin la luna

pudo asomarse, vio allá abajo

el pobre cuerpo del vampiro anónimo

con cinco heridas que manaban

formando un gran charco de agua

  

lo que no pudo ver la luna

fue que los cinco ejecutores

se refugiaban en un árbol

y a su pesar reconocían

…. que aquello no sabía mal

   

desde esa noche que fue histórica

ni los vampiros ni las vampiresas

chupan más sangre resolvieron

por unanimidad pasarse al agua

   

como suele ocurrir en estos casos

el singular vampiro anónimo

es venerado como un mártir.

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El día que me quieras “Amado Nervo”

 

    El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

  

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cantarinas,
el día que me quieras.

  

    El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca antes oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo, serán cuando me quieras.

   

    Tomadas de la mano, cual rubias hermanitas
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas
delante de tus pasos, el día que me quieras…
Y si deshojan una, te diré inocente
postrer pétalo blanco ¡Apasionadamente!

   

    Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

   

   El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de las Mil y Una noches; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

   

    El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

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Quins principis!!!!!!!

 

    En memòria del nostre avi filosòfic, GROUCHO MARX, que va resumir la nostra ideología básica quan va dir: “Aquests són els meus principis; si no li agraden, en tinc d’altres.”

  

    Morty arriba a casa i es troba la dona i el seu millor amic, Lou, despullats al llit. Quan Morty està a punt d’obrir la boca, Lou surt del llit d’un salt i li diu:

            -Abans que diguis res, amic meu, a qui creuràs, a mi o als teus ulls?

     

    Un home de noranta anys va anar al metge i li va dir:

            -Doctor, la meva dona, que té divuit anys, s’ha quedat embaraçada.

            El metge li va contestar:

            -Deixi’m que li expliqui una història. Un home va anar a caçar, però en lloc d’una escopeta, es va emportar per error un paraigua. Quan de sobte un ós se li va tirar a sobre, va agafar el paraigua, va disparar a l’ós i el va matar.

            L’home va dir:

            -Impossible. L’ós el devia matar algú altre

            -Exactament el que penso jo! -va dir el metge.

  

    Un home que busca la veritat ha sentit dir que el guru més savi de tot l’India viu al cap damunt de la muntanya més alta del país. L’home que busca la veritat tresca per planes i valls fins que arriba a la muntanya llegendària. És increïblement costeruda i més d’una vegada rellisca i cau. Quan arriba al cim està ple de talls i de rascades, però allà dalt es troba el guru, assegut amb les cames encreuades davant de la seva cova.

            -Oh, guru savi -diu l’home que busca la veritat-, t’he vingut a trobar per preguntar-te quin és el secret de la vida.

            -Ah, sí, el secret de la vida -diu el guru-. El secret de la vida és una tassa de té.

            -Una tassa de té? He pujat fins aquí dalt per descobrir el sentit de la vida i em dius que és una tassa de té?!

            El guru s’arronsa d’espatlles.

            -Doncs potser no és una tassa de té.

   

    Un dentista de Filadelfia, Sam Lipschitz, se’n va anar a l’India per descobrir el sentit de la vida. Van passar uns quants mesos i la seva mare no n’havia tingut notícies. Finalment, va agafar un avió cap a l’India i va preguntar per l’home més savi que hi hagués. La van adreçar a un ashram, on el guarda li va dir que hauria d’esperar una setmana per tenir audiencia amb el guru, i que quan arribés el moment només li permetrien dir quatre paraules. Va esperar tot rumiant a conciencia les paraules que li diria. Quan finalment la van portar davant del guru, la dona li va dir:

            -Sam, torna a casa!

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Amor a la Patria “Miquel Costa i Llobera”

 

Quan les volgudes muntanyes

Deixava el pobre cautiu,

Plorant, collí d’una penya

Un brotet de romaní.

    

Passa penes i fortunes;

Però, resant cada nit,

Besava el pobre besava

Un brotet de romaní.

   

Un dia d`hivern, les ones

Tregueren un mort, ai trist!

Estret en la mà tenia

Un brotet de romaní.

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Las Edades del Hombre

 

    ¿Nos ocurrirá igual con los sentimientos como con los datos, que cuántos más tenemos ya no sabemos que hacer con ellos? En estas reflexiones me entretenía el otro día mientras leía una interesante obra de Bill Bryson titulada “Una breve historia de casi todo”.

    Entre los muchísimos, pero muchísimos datos que hay en su recopilación de la ciencia de hoy en día, escojo éste para recordar un poema de Jorge Luis Borges.

    Recoge Bryson uno de los hallazgos más desconcertantes para las actuales teorías antropológicas. En el interior de Australia se encontraron unos huesos humanos en el lecho de un lago llamado Mungo que llevaba seco mucho tiempo, tanto como 12.000 años. Pero se suponía que los humanos no llevaban presentes en Australia más que desde el 6.000 a.C. Las pruebas de carbono 14 dataron los huesos en 60.000 años atrás, cuando el lago tenía 20 kilómetros de longitud  y estaba lleno de agua y de peces.

    Insólito, puesto que Australia es una isla desde antes de nuestra primera datación de homínidos en la tierra. Es decir cualquier ser humano que llegase a Australia debía hacerlo por mar, por alta mar, cruzando más de 100 kilómetros, sin saber si encontraría tierra o un continuo mar, infinito para sus cortas existencias  y víveres. Además debían ser suficientes para poder perpetuar la especie.

    A la vista de estos y otros muchos datos y descubrimientos, se hace necesaria una revisión de nuestras teorías antropológicas, pues hace más de 60.000 años había gente capaz de realizar tareas cooperativas y técnicas (supuestamente sería necesario el lenguaje), construyendo embarcaciones aptas para navegar por el océano y colonizar continentes.

Pero volviendo a la poesía, escribía Borges:

  
    La luna ignora que es tranquila y clara

y ni siquiera sabe que es la luna;

la arena, que es la arena. No habrá una

cosa que sepa que su forma es rara.

    Las piezas de marfil son tan ajenas

al abstracto ajedrez como la mano

que las rige. Quizá el destino humano

de breves dichas y de largas penas

es instrumento de Otro. Lo ignoramos;

darle nombre de Dios no nos ayuda.

Vanos también son el temor, la duda

 y la trunca plegaria que iniciamos

¿Qué arco habrá arrojado esta saeta

que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta?

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¿Qué es el Sonido?

 

    Es muy interesante comparar la percepción del color con la del sonido. El sonido nos llega por ondas elásticas de comprensión y dilatación que se propagan a través del aire. Su longitud de onda (o su frecuencia para ser más exactos) determina el tono del sonido que oímos. El rango de frecuencias “audible” es muy diferente al de la luz visible; va desde los 12 ó 16 ciclos por segundo hasta los 20.000 o 30.000 ciclos por segundo, mientras que, para la luz, las frecuencias son del orden de varios centenares de miles de millones. Sin embargo, el rango relativo es mucho más ancho para el sonido. Abarca unas diez octavas (este rango varía, incluso en un mismo individuo, especialmente con la edad: el límite superior del tono se reduce regular y considerablemente a medida que pasan los años).

    Pero lo más sorprendente del sonido es que una mezcla de frecuencias distintas nunca produce una frecuencia intermedia, como ocurre con la luz, la mezcla de rojo y verde produce la sensación de amarillo. Los sonidos superpuestos se distinguen en gran medida por separado -aunque simultáneamente-, por personas dotadas de buen oído musical. La adición de muchos tonos altos (los armónicos) de varias calidades e intensidades define lo que llamamos timbre, mediante el cual distinguimos el sonido de un violín, de una corneta, de una campana, de un piano… aunque sólo oigamos una nota.

    Las características principales de la percepción sonora están bien descritas en el mecanismo del oído. El órgano principal es un huesecillo llamado (por su forma) caracol: una minúscula escalera de caracol que se hace cada vez más estrecha, a medida que asciende. En lugar de escalones tiene unas fibras elásticas tensadas a su través en forma de membrana. El espesor de la membrana disminuye desde la base al vértice. Sus fibras de distinta longitud responden así mecánicamente (como ocurre con las cuerdas de un arpa o de un piano) a las oscilaciones de diferente frecuencia, enviando impulsos nerviosos que se propagan hasta ciertas regiones de la corteza cerebral.

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¿Qué es el Color?

 

    Si pedimos a un físico que nos explique que es la luz amarilla, nos dirá que son ondas electromagnéticas transversales cuya longitud de onda es de unos 590 nanómetros[1], y que este tipo de vibraciones producen, cuando dan en la retina de un ojo sano, una sensación de amarillo a su propietario.

    Si seguimos preguntando, sabremos que distintas longitudes de onda producen colores distintos, pero que no todas las longitudes de onda producen la sensación de color, sino sólo las comprendidas entre 800 y 400 nm. Para el físico las ondas infrarrojas (más de 800 nm) y las ultravioletas (menos de 400 nm) pertenecen a la misma clase de fenómenos que los visibles por el ojo (entre 800 y 400 nm).

    ¿Cómo surge esta selección tan peculiar? Se trata obviamente de una adaptación a la radiación solar que es particularmente fuerte en esta zona de longitudes de onda y decae hacia ambos extremos. Pero no es así en todos los seres vivos que hoy viven en la Tierra, por ejemplo, las abejas pueden ver bien la luz ultravioleta.

    Pero volviendo a la luz amarilla: ¿es la radiación en la proximidad de los 590 nm la única en producir sensación de amarillo? La respuesta es: en absoluto. Si se mezclan ondas de 760 nm (que producen sensación de rojo) con cierta proporción de ondas de 535 nm (que producen sensación de verde) se obtiene un amarillo que es indistinguible del producido por los 590 nm. Dos superficies iluminadas de este modo -una con la mezcla y otra con luz espectral pura- producen exactamente la misma sensación, nadie puede decir cuál es cuál. 

    El diagrama de todas las mezclas de este tipo se ha representado empíricamente; se lo conoce como el diagrama cromático. Pero no existe una relación sencilla con las longitudes de onda. No existe regla general alguna en virtud de la cual la mezcla de dos luces espectrales se conjuguen en otra intermedia, por ejemplo, una mezcla de rojo y azul (de los extremos del espectro) produce púrpura, que es imposible obtener mediante una luz espectral única. Estas mezclas no funcionan del mismo modo en la percepción del sonido, pero esta flauta sonará el próximo mes.

    Si seguimos preguntando al físico cómo se produce la luz, nos dirá que, en general, es producida por los electrones, en particular por aquellos del átomo que “están haciendo algo” alrededor del núcleo. Un electrón no es rojo, ni azul, ni de cualquier otro color; lo mismo ocurre con el protón. Pero la acción de los dos en el átomo de hidrógeno, por ejemplo, produce radiación electromagnética de cierto intervalo discreto de longitudes de onda, y está es la que estimula en el observador las sensaciones de rojo, verde, azul, violeta.

    Demócrito de Abdera en el siglo V a.C. sin tener aparatos de medida comparables a los del último siglo, comprendió perfectamente esta cuestión. En una discusión entre el intelecto y los sentidos sobre qué es lo real, el primero dice: “Aparentemente, a través de vosotros los sentidos, existe el color, la dulzura, lo amargo; en realidad, sólo existen átomos y vacío”, a lo que los sentidos replican: “Pobre intelecto, nosotros te hemos prestado la evidencia de ti mismo, ¿y tú quieres derrotarnos? Tu victoria es tu derrota”.

    Nosotros hoy, 2500 años después nos preguntamos: ¿Qué sentidos utilizó Demócrito para descubrir que los átomos no tienen color?



[1] 1 nanómetros (nm) = 10-9 metros

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Los motivos del Lobo “Rubén Darío”

 

El varón que tiene corazón de lis,

alma de querube y lengua celestial,

el mínimo y dulce Francisco de Asís,

está con un rudo y torvo animal,

bestia temerosa, de sangre y de robo,

las fauces de furia, los ojos de mal:

el lobo de Gubbia, el terrible lobo.

Rabioso ha asolado los alrededores,

cruel ha deshecho todos los rebaños;

devoró corderos, devoró pastores,

y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros

fueron destrozados. Los duros colmillos

dieron cuenta de los más bravos perros,

como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera.

Cerca de la cueva encontró a la fiera

enorme, que al verle se lanzó feroz

contra él. Francisco con su dulce voz,

alzando la mano,

al lobo furioso dijo: -”¡Paz, hermano

lobo!” El animal

contempló al varón de tosco sayal;

dejó su aire arisco,

cerró las abiertas fauces agresivas

y dijo: -”¡Está bien, hermano Francisco!”

-”¡Como! -exclamó el santo-. ¿Es ley que tu vivas

de horror y de muerte?

¿La sangre que vierte

tu hocico diabólico, el duelo y espanto

que esparces, el llanto

de los campesinos, el grito, el dolor

de tanta criatura de Nuestro Señor?

¿No han de contener tu encono infernal?

¿Vienes del infierno?

¿Te han infundido acaso su rencor eterno

Luzbel o Belial?”

Y el gran lobo, humilde: -”¡Es duro el invierno,

y es horrible el hambre! En el bosque helado

no hallé qué comer, y busqué el ganado,

y en veces comí ganado y pastor.

¿La sangre? Yo vi más de un cazador

sobre su caballo, llevando el azor

al puño; o correr tras el jabalí,

el oso o el ciervo; y a más de uno vi

mancharse de sangre, herir, torturar,

de las roncas trompas al sordo clamor

a los animales de Nuestro Señor.

Y no era por hambre, que iban a cazar”.

Francisco responde: -”En el hombre existe mala levadura.

Cuando nace viene con pecado. Es triste.

Mas el alma simple de la bestia es pura.

Tú vas a tener

desde hoy qué comer.

Dejarás en paz

rebaños y gente en este país.

¡Que Dios melifique tu ser montaraz!”

-”Está bien, hermano Francisco de Asís”.

-”Ante el Señor, que todo ata y desata,

en fe de promesa tiéndeme la pata”.

El lobo tendió la pata al hermano

de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía

y lo que miraba casi no creía.

Tras el religioso iba el lobo fiero,

y, bajo la testa, quieto lo seguía

como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó a la gente a la plaza

y allí predicó.

Y dijo: -”He aquí una amable caza.

El hermano lobo se viene conmigo

me juró no ser ya nuestro enemigo,

y no repetir su ataque sangriento.

Vosotros, en cambio, daréis su alimento

a la pobre bestia de Dios”. -”¡Así sea!”-,

contestó la gente toda de la aldea.

Y luego, en señal

de contentamiento,

movió la testa y cola el buen animal,

y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo

en el santo asilo.

Sus bastas orejas los salmos oían

y los claros ojos se le humedecían.

Aprendió mil gracias y hacía mil juegos

cuando a la cocina iba con los legos.

Y cuando Francisco su oración hacía,

el lobo las pobres sandalias lamía.

Salía a la calle,

iba por el monte, descendía al valle,

entraba en las casas y le daban algo

de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo

dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,

desapareció, torno a la montaña,

y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,

entre los vecinos y entre los pastores;

colmaba el espanto los alrededores,

de nada servían el valor y el arma,

pues la bestia fiera

no dio treguas a su furor jamás,

como si tuviera

fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,

todos lo buscaron con quejas y llanto,

y con mis querellas dieron testimonio

de lo que sufrían y perdían tanto

por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.

Se fue a la montaña

a buscar al falso lobo carnicero.

Y junto a su cueva halló a la alimaña.

-”En nombre del Padre del sacro universo,

conjúrote” -dijo- “¡oh, lobo perverso!,

a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?

Contesta. Te escucho”.

Como en sora lucha, habló el animal,

la boca espumosa y el ojo fatal:

-”Hermano Francisco, no te acerques mucho

Yo estaba tranquilo allá en el convento,

al pueblo salía,

y si algo me daban estaba contento

y manso comía.

Mas, empecé a ver que en todas las casas

estaban la envidia, la saña, la ira,

y en todos los rostros ardían las brasas

de odio, de lujuria, de infamia y mentira.

Hermanos a hermanos se hacían la guerra,

perdían los débiles, ganaban los malos,

hembra y macho eran como peroo y perra,

y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos

y los pies. Seguía tus sagradas leyes,

todas las criaturas eran mis hermanos,

los hermanos hombres, los hermanos bueyes,

hermanas estrellas y hermanos gusanos.

Y así, me apalearon y me echaron fuera.

Y su risa fue como una agua hirviente,

y entre mis entrañas revivió la fiera,

y me sentí lobo malo de repente;

mas siempre mejor que esa mala gente.

Y recomencé a luchar aquí,

a me defender y a me alimentar.

Como el oso hace, como el jabalí,

que para vivir tienen que matar.

Déjame en el monte, déjame en el risco,

déjame existir en mi libertad,

vete a tu convento, hermano Francisco,

sigue tu camino y tu santidad”.

El santo de Asís no le dijo nada.

Le miró con un profunda mirada,

y partió con lágrimas y con desconsuelos,

y habló al Dios eterno con su corazón.

El viento del bosque llevó su oración,

que era: “Padre nuestro, que estás en los cielos…

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