Archivo de Marzo, 2008

Pegamento para huesos

 

Crean un pegamento biosintético para soldar huesos.

Científicos israelíes lograron una combinación de sustancias biológicas y sintéticas que también permite regenerar el tejido óseo; se disuelve en el organismo sin causar efectos secundarios

JERUSALEN.- Un grupo de investigadores del Centro Technion de la ciudad de Haifa lograron un pegamento para soldar huesos rotos mediante la combinación de sustancias biológicas y sintéticas que también permite regenerar el tejido óseo.

Una vez que el hueso roto o con una fisura se une, el pegamento se disuelve en el organismo sin causar efectos secundarios, según el doctor Dror Seliktar y su asistente, Liora Almani-Levy, del Departamento de Ingeniería Bioquímica del Centro de Investigaciones.

Seliktar dijo a la prensa que los métodos utilizados hasta ahora para unir un hueso en medicina ortopédica prestan un soporte estructural y mecánico, pero no facilitan la regeneración del tejido óseo en la zona afectada.

En cuanto a los materiales de origen biológico empleados actualmente, pueden rehabilitar tejidos dañados y alientan su regeneración, pero no logran restablecer su fortaleza física.

“El material que hemos desarrollado, llamado Gelrin, una combinación de la fibrina y del polietileno glicol, cumple ambos objetivos”, afirmó Seliktar.

La fibrina es una proteína que se encuentra en el plasma de la sangre y es una sustancia primordial en la coagulación de la misma, en tanto que el glicol es un material plástico transparente.

Los investigadores hallaron la fórmula para unir las moléculas de las dos sustancias para crear un nuevo material con características biológicas y con distintos grados de vigor y resistencia.

Las células del organismo identifican como “amigable” al nuevo material, que puede inyectarse en la zona afectada del hueso sin necesidad de una intervención quirúrgica, y que es eliminado por la orina, informó el investigador.

Fuente: EFE

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Fides “Amado Nervo”

 

    No te resignes antes de perder
definitiva, irrevocablemente,
la batalla que libras. Lucha erguido
y sin contar las enemigas huestes.

  

    ¡Mientras veas resquicios de esperanza, no te rindas! La suerte
gusta de acumular los imposibles
para vencerlos en conjunto, siempre,
con el fatal y misterioso golpe
de su maza de Hércules.

  

    ¿Sabes tú si el instante
en que, ya fatigado, desesperes,
es justo aquel que a la definitiva
realización de tu Ideal precede?

  

    Quien alienta una fe tenaz, el hado
más torvo compromete
en su favor. El destino sólo a la fe
es vulnerable y resistir no puede.

   

    La fe otorga el divino privilegio
de la casualidad a quien la tiene en grado heroico.
Cuando las tinieblas y los espectros y los trasgos lleguen
a inspirarte pavor, ¡cierra los ojos, embraza tu fe toda y arremete!
¡Verás cómo los monstruos más horribles,
al embestirlos tú, se desvanecen!

   

    Cuanto se opone a los designios puros
del hombre, es irreal; tan sólo tiene
la imaginaria vida
que le dan nuestro miedo y nuestra fiebre.

   

    Dios quiso en su bondad que los obstáculos
para aguzar las armas nos sirviesen.
Quiso que el imposible
estuviera no más para vencerle,
como está la barrera en los hipódromos,
a fin de que la salten los corceles.

  

    Búrlate, pues, de cuanto en el camino
tu altivo impulso detener pretende.
¡No cedas ni a los hombres ni a los ángeles!

  

    ¡Ama mucho: el que ama embota
hasta los aguijones de la muerte!
Que tu fe trace un círculo de fuego
entre tu alma y los monstruos que la cerquen,
y si es mucho el horror de los fantasmas
que ves, ¡cierra los ojos y arremete!

                                                                            

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Lao Tse y el Tao

 

 Lao Tse es una figura legendaria, como todos los grandes maestros de la Humanidad. Según la leyenda fue dado a luz por una madre virgen que lo llevó en su seno durante setenta y dos u ochenta y un años hasta que un día, mientras descansaba bajo la sombra de un ciruelo, una partícula del sol semejante a una perla se introdujo por la boca de la virgen e hizo que se le abriera la axila y naciera Lao Tse, canoso, como si hubiera meditado mucho. La palabra Lao significa viejo, la palabra Tse, maestro, de suerte que Lao Tse significaría Viejo Maestro.

Nació en una pequeña aldea del reino de Tch’en  (sur de China), en ese siglo VI a.C., tan fructífero en grandes personajes, contemporáneo de Buda, Zoroastro, Mahavira, Pitágoras y otros presocráticos. No podemos determinar ni el año de nacimiento, ni el de su muerte, ni siquiera con aproximación de algunos años. La única fecha que conocemos de su vida, es el encuentro con Confucio, donde tuvo lugar un eclipse de sol. El cálculo nos da un eclipse de sol en el 518 visible desde China; presumiblemente Confucio tenía alrededor de 34 años, y Lao Tse unos cincuenta más, así que nació alrededor del 600 a.C..

De este encuentro con Confucio, nada del cierto se sabe, solo queda el comentario de Confucio: Los pájaros vuelan, los peces nadan, los cuadrúpedos corren. Al que corre se le agarra con la red, al que nada con un anzuelo, al que vuela con un arco. En cuanto al dragón, que se eleva hacia el cielo llevado por el viento y las nubes, no sé yo cómo se le podrá coger. He visto a Lao Tse, hoy he visto un dragón. En China el dragón no es terrestre, es celeste, es símbolo del espíritu.

El Viejo Maestro fue bibliotecario en la corte de los Chou. Un bibliotecario no era en la Antigua China lo que hoy corresponde a ese título; le estaba encomendado un cargo sacerdotal y su misión consistía en consultar los archivos, los oráculos, el sentido de la existencia, del éxito y la decadencia: era un sabio de la antigua tradición.

El propósito de las palabras es transmitir las ideas: Cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras? Con ese me gustaría hablar.

Dicen que Lao Tse no quería hablar. Había emprendido viaje hacia las cordilleras del Oeste para acabar sus días en paz. El guardián del paso de Huan-Ku le observaba, el solitario centinela del paso de las montañas, había vivido lo bastante para conocer que aquel anciano reticente era un sabio: sus ojos lo delataban, y el gesto de sus manos al sentarse, y la presencia que emanaba de su cuerpo. Se veía que su casa era el ancho mundo, la tierra su almohada, las estrellas sus sábanas. Olía a silencio y soledad como el viento del espacio. El guardián tomó una resolución, empuñando su arma le dijo: No os dejaré marchar si no me dais una parte de vuestra sabiduría.

Lao Tse que había intuido hacía rato sus pensamientos sacó pincel y comenzó a trazar caracteres, 5000 ideogramas, sobre la túnica de seda que le ofreció el soldado, destilando en ochenta poemas una de las experiencias más sensata de la raza humana: El Tao Te King.

Este es un libro para quienes no confían en las palabras; desde el inicio advierte: El Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao. Pero Lao Tse hizo lo imposible, un libro que se lee, se relee  y disfruta durante toda una vida. Un libro de consulta que cambia con los años, como el vino, destilando nuevos sabores, pensamientos no descubiertos. La sabiduría que intenta comunicar Lao Tse es el modo de ser de la naturaleza y la manera de obrar nuestra para asemejarnos lo más posible a ella.

¿Qué es el Tao Te King? Traducido “el libro del sentido y de la vida”. A veces nos gustaría que se nos dijera al estilo occidental, el Tao es de tal y cual modo y, en consecuencia, el sabio se comportará de este y aquel modo, pero no es así. El lenguaje puede ayudarnos a entender un concepto pero no la experiencia del Tao, decían los filósofos taoistas que hay que transmitir lo que armoniza y trasciende los contrarios mediante el silencio.

El Tao es incognoscible, inefable e infinito. La palabra Tao está compuesta de dos ideogramas: uno es cabeza, el otro es marchar; puede significar hombre que camina, ir conscientemente, camino, sentido, Logos, vía.

En su sentido original cósmico, el TAO es la realidad última, indefinible y como tal es el equivalente del Brahman hinduista o del Dharmakaya budista. Su cualidad es intrínsecamente dinámica que, desde el punto de vista chino, constituye la esencia del universo. El Tao es percibido como flujo y cambio continuos.

La confusión sobre esta palabra ha sido grande en Occidente desde que los primeros jesuitas llegaron a China la tradujeron con inescrupulosa simplicidad por la palabra Dios, pero no es ni una personificación de lo divino a semejanza del hombre, ni la causa de lo manifestado, sino que está más allá.

Lao Tse  distingue desde el primer capítulo dos estadios diferentes del Tao:

  • - Eterno, que no tiene nombre, trascendente. Es evidente que el Tao no se desenvuelve en el tiempo, ni en el espacio, mirándolo no se le ve, escuchándole no se le oye, tocándolo no se le siente. Solo depende de sí mismo, lo demás recibe su sentido de algo externo, el Ser humano lo recibe de la Tierra, la Tierra del Cielo, y el Cielo del Tao.

  • - Con nombre, madre de todos los seres, puede recibir tantos nombres distintos como seres concretos. Sería una roca, un hombre, un pájaro, un arroyo. El Tao está en todas las cosas despreciables y en las nobles, tiene el germen de la diversidad.

Dice el Tao Te King: Del Tao surge el Uno, luego el 2, luego el 3 y los 10.000 seres. Es un proceso de cosmogénesis presente también en filósofos griegos y helenísticos..

En las raíces del pensamiento y el sentimiento chinos reposa el principio de polaridad, que no debe confundirse con los conceptos de oposición o conflicto. En otras culturas está la luz en lucha con la oscuridad, la vida con la muerte, lo positivo con lo negativo. Para el modo de pensar tradicional chino, esto resulta tan incomprensible como la existencia de una corriente eléctrica sin sus polos  positivo y negativo, como el norte sin el sur, la desaparición de uno es la desaparición del  otro. Las polaridades son estados extremos de una misma cosa, como las dos puntas de un bastón.

Los chinos llaman a los dos aspectos de la polaridad el yin y el yang, que literalmente significan el lado umbrío, oscuro de una montaña, y la vertiente soleada. Representan las polaridades de la realidad sensorial: día y noche, masculino y femenino, mente y materia, bien y mal, luz y oscuridad, fuerza y debilidad, cielo y tierra. En el reino del pensamiento, yin es la compleja y femenina mentalidad intuitiva, yang el claro y racional intelecto. Yin es la tranquilidad, la quietud contemplativa del sabio, yang la fuerte acción creativa del rey.

Son fuerzas opuestas pero complementarias cuya interacción genera el Universo, como la dualidad Purusha-prakriti del Samkhya hinduista, o  Gea-Uranos de Homero.

El conocido diagrama del yin-yang es explícito: Todo es dual (las dos lágrimas, blanca y negra). Los opuestos se complementan, forman un círculo, la figura sin fin. Además: Todo es dinámico, es una simetría rotacional que sugiere, de modo muy enérgico, un continuo movimiento cíclico. Y los dos puntos simbolizan la idea de que cada vez que una de las dos fuerzas alcanza su límite, contiene en sí misma la semilla de su opuesta.

Esta es una visión del mundo que no se ha tenido en Occidente desde que se olvidaron las palabras del presocrático Heráclito: “Armonía en la diversidad como el arco y la lira”, una tensión, una fuerza armónica, ni flojo, ni rígido. O el fluir del tiempo, de todo lo manifestado  “No te bañarás dos veces en el mismo río” o las paradojas aparentes “La noche empieza al mediodía“. No es la lógica aristotélica, las cosas no acaban nítidamente, sino que todo está en todo, todo desborda, fluye, cambia, se interpenetra.

Lo que a veces parecen paradojas no lo son tanto para aquellos que reflexionan y meditan un poco lo profundo de las esencias. Así al leer: El retorno es el movimiento del Tao, nos sugiere observar los movimientos del Sol y la Luna, y de la sucesión de las estaciones, y vemos que una situación se lleva a su punto extremo, está destinada a darse la vuelta y convertirse en su opuesto. Exactamente del mismo modo que el hombre que va siempre hacia el Este, acabará en el Oeste, aquellos que acumulen cada vez más riqueza acabarán por ser pobres. En el ser humano, desde esta perspectiva es mejor tener poco que tener mucho. Este es el retorno, la vuelta de todas las cosas que ha infundido, no sólo a los filósofos taoistas sino al pueblo chino, valor y perseverancia en los momentos de aflicción y les ha hecho cuidadosos y modestos en los momentos de éxito. Con esta idea llega una de las mayores paradojas del Tao Te King:

Úsate y permanecerás nuevo

Vacíate y permanecerás lleno.

Doblégate y permanecerás erecto.

Hay una parábola conocida:  El sauce es débil, el pino fuerte. Cuando nieva sobre una rama de pino la rama aguanta rígida hasta que acaba por quebrarse; cuando nieva sobre un sauce las ramas se inclinan dejando caer la nieva y vuelven a levantarse. Así lo débil es lo fuerte.

La eficacia del Tao reside en su vacío, sin vacío nada podría producirse. La utilidad de la vasija no está en la arcilla sino en el hueco, en la falta del material. Un vaso lleno de tierra no nos permite utilizarlo para beber. En una casa lo útil son los vacíos, los huecos, puertas, ventanas, habitaciones, sino no se podría vivir, ni entrar. Y en el hombre lo útil  no son sus horas llenas sino las horas vacías que tiene para dedicarse a sí mismo o a otros seres humanos, las horas en las que estamos prestos a servir.

Así debe ser el hombre sabio, traducción del término shen jen. La principal virtud es su conformidad con el Tao, busca la naturalidad y la espontaneidad, el Wu Wei, traducido literalmente por hacer nada, pero no hacer no significa no hacer nada, sino ¿Cómo comprender: Aquel que no actúa, no deja entonces nada por hacer y conquista el mundo?. Wu Wei significa abstenerse de toda actividad que vaya en contra de la naturaleza. Actuar en armonía con la naturaleza, sin hacer violencia, es actuar en vacío.

¿Qué significa vacío?, Es actuar sin deseo personal, en el vacío de sí, tal como enseña el Karma Yoga del Bhagavad Gita. Ya no hay un Yo que actúa según gustos y disgustos personales, sino que somos una caña hueca por donde suena el viento de la historia. Dice Chuang Tse que mientras las pasiones, los estados de ánimo y los impulsos nos agitan el corazón hay acción, y cuando éste permanece estable, permite que reine la calma, y cuando hay calma hay claridad, y si hay claridad hay vacío, y si hay vacío no hay acción, y la inacción no deja nada por hacer. Este es el significado de las palabras aparentemente absurdas de Lao Tse: mediante la no-acción todo puede hacerse.

Además de su conformidad con el Tao, el hombre perfecto es rey de sus oídos y su boca, no tiene egoísmo, no tiene corazón propio, sino que hace suyos los corazones de la gente. Es humilde, no se envanece con los éxitos, es como el agua. El agua se adapta siempre: cuando está en un hueco se arremansa, cuando llega un plano se desliza, cuando hay pendiente corre y siempre con perfecta naturalidad. Nada más blando que el agua, y vence lo más duro: rompe acantilados, erosiona valles. Agua y espejo: cuando el agua está quieta es un espejo. Nadie se mira en aguas turbias, así la mente sólo entiende, refleja con precisión el mundo cuando está calmada.

Y nada de virtudes artificiales: sorprende que Lao-tse critique la justicia y el amor Cuando decayó el Tao aparecen la caridad y la justicia. Lo que condena es la sustitución del Tao por el formalismo cultivado artificialmente de los letrados de su tiempo. Eliminad los eruditos, desterrad los astutos, ingeniosos en palabras, y el pueblo saldrá ganando con creces. Rechazó como Sócrates los sofistas, porque con las virtudes falsas había pervertido la simplicidad y honradez.

Lao Tse nada ha dejado de sus ideas sobre qué es el alma, la libertad, el conocimiento. Se ha limitado a recomendar la conformidad con el Tao, cuidado de no arriesgar la vida por la codicia, no gastarla en cavilaciones abstrusas para no enfermar. Lao Tse como otros sabios orientales, tiene una meta: la transmutación, un aquietamiento físico y mental para facilitar el ascenso a los diferentes niveles de conciencia.

La calma real y sorprendente de las personas como Lao-Tse proviene del hecho de que están dispuestas a hacer lo que deban en cada circunstancia. Se han preparado a lo largo de su vida, han superado las adversidades porque han encontrado la esencia del espíritu, porque acallando las voces del yo, han escuchado el susurro del nosotros, y nos dejan la estela de su paso, difuminada por el tiempo que ha pasado, pero que guarda un perfume que huele a tierra mojada, y a viento de las altas montañas. Ahora está en nuestra mano seguir el camino. Un camino de mil millas empieza con el primer paso y está bajo nuestros pies.

Sara Ortiz Rous

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Cómo superar nuestros límites

 

El conocernos a nosotros mismos y superarnos, aunque es una de las vertientes más antiguas de la filosofía, es también la más difícil y en cierta forma menos explorada en el sentido natural y directo de la palabra. Releamos juntos un cuento del psicólogo Jorge Bucay:

Había una vez  un niño, como nosotros, que lo que más le gustaba de los circos eran los animales, y le llamaba especialmente la atención el elefante. Durante la función la enorme bestia hacía gala de todo su peso, un tamaño y una fuerza descomunales. Pero después de su actuación el elefante permanecía atado a un pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio es  evidente. ¿Por qué no huye?

El niño confiaba en la sabiduría de los mayores y preguntó a su padre sobre el misterio del elefante. Alguno de ellos le explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. ¡Ahhhh! Hizo entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? Ninguna respuesta coherente obtuvo. Años más tarde descubrió alguien, verdaderamente sabio en cuestiones de elefantes, que había encontrado la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerrad los ojos e imaginad al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. En aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginad que se duerme agotado y que al día siguiente lo vuelve a intentar, y al otro día y al otro… Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer, y jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos atados por el mundo a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que no podemos hacer montones de cosas, simplemente porque lo intentamos una vez y no lo conseguimos, y nos grabamos el mensaje: No puedo y nunca podré. Pero nuestra única manera de saber si podemos es poniendo en ello todo nuestro corazón y nuestra inteligencia.

Observemos primero nuestra inteligencia. Tratad de tomar distancia respecto de vosotros mismos y miraros como si fuerais otra persona. Pensad en el estado de ánimo que os encontráis ¿Podéis identificarlo?  Pensad como está trabajando vuestra mente ¿es rápida, despierta? La capacidad de hacer lo que acabáis de hacer es específicamente humana y se llama autoconciencia. Es la aptitud para pensar en los propios procesos del pensamiento, por eso podemos evaluar nuestras experiencias, y podemos crear nuestros hábitos. Podemos darnos cuenta de que no somos nuestros sentimientos, no somos nuestros estados de ánimo, ni siquiera somos nuestros pensamientos. La autoconciencia permite distanciarnos y examinar aun nuestra propia vida para cambiarla y mejorarla.

Para reconocernos es útil realizar un sencillo ejercicio mental: ¿Recordais haber pasado sed en un día muy caluroso?, pero ese recuerdo no nos hace volver a pasar sed, ¿verdad?. En cambio recordar un episodio triste puede sumirnos de nuevo en la tristeza. Incluso recordar uno alegre nos pone tristes, porque ahora no está. Por esta regla de tres recordar un episodio triste debería alegrarnos porque ahora no lo pasamos, o entristecernos porque podría volver a pasarnos, pero también puede volver el momento alegre… ¿qué hacemos?¿estamos tristes o alegres?: Depende de una decisión de la mente.

Realmente no dominamos mucho nuestra mente, somos capaces de confundir muchas cosas, confundimos “vencernos” con vencer a otros, porque nuestra sociedad es extremadamente competitiva y exitista. En una competición, lo importante es dar lo mejor de uno mismo, la cuestión no es ganar a los demás porque es absurdo querer controlar como lo harán los demás, lo que depende de nosotros es como lo haré yo. La cuestión no es ganar a los demás sino aprender, no importa gane o pierda.

Pero a pesar de la importancia que tantas filosofías han dado a la mente como la gran clarificadora, también la filosofía clásica ha tenido claro que la razón por sí sola no puede contestar todas las preguntas que los seres humanos pueden formular. Grandes preguntas como ¿qué es la vida? ¿qué es la conciencia? ¿qué hay después de la muerte? Permanecen opacas a la luz del pensamiento y para contestarlas se utiliza la fe. La fe es una pasión muy fuerte para bien o para mal. La fe en un dios o en un final feliz, puede hacernos soportar cosas difíciles de soportar, pero…. los hombres crueles creen en un dios cruel y utilizan su creencia para justificar su crueldad. La bondad o la maldad no emanan de la fe religiosa: la fe puede magnificar lo que ya está presente, la bondad o la maldad. Así que para superarnos, superar una crisis, podemos utilizar otra fuerza presente en nosotros, parecida a la fe pero quizás más limpia y más sensata: el sentido de la vida, el sentido de porque hacemos las cosas, para que vivimos, la búsqueda incansable del sentido de la vida.

Hace bastantes años se realizaron en varios países europeos una encuesta de opinión. Los resultados: el 80% de la población encuestada reconocía que el hombre necesita algo por que vivir. Y el 61% admitía que había algo, o alguien (un hijo, un padre), en sus vidas por cuya causa estaban dispuestos incluso a morir. Si hoy repetimos esa encuesta nos damos cuenta que la falta de sentido, de propósito en la vida ha sido la gran calamidad filosófica del siglo XX y sigue siéndolo en este siglo XXI. Son tantos los que carecen de un propósito firme en sus vidas, que esa carencia ha llegado a considerarse algo normal. Pero pocos viven felices de este modo. No nos suele satisfacer la idea de que nuestras vidas y nuestro mundo sea fortuito por completo, de que no tengan pies ni cabeza. El sueño de que basta con mejorar la situación socioeconómica de las gentes para que todo marche perfectamente y todos sean felices es falso.

Hoy el vacío existencial es un fenómeno muy extendido, y es una de las causas más frequentes en la consulta del psiquiatra. Hay que encontrar el sentido de la vida, esa búsqueda nace de una tensión interna, que no es una enfermedad. Esta tensión es un requisito indispensable para la salud mental, es la tensión entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido; o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser. No debemos dudar en desafiarnos a cumplir nuestro sentido potencial. Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es vivir sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones si no esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena.

¿Pero qué sentido? Qué  podemos hacer ante la pregunta ¿cuál es el sentido de la vida? Dudo que haya ningún médico o filósofo que pueda contestar a esta pregunta en términos generales, ya que el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un momento a otro. Plantear la cuestión en términos generales puede ser como preguntarle a un jugador de ajedrez, cual es la mejor jugada. Lo que ocurre, es que no existe la mejor jugada si se la considera fuera del momento especial del juego. El sentido de la vida es único para cada uno, en cuanto es uno mismo y uno sólo quien tiene que encontrarlo.  No es un sentido abstracto de la vida, sino nuestro cometido concreto, por el que no nos pueden reemplazar. No es preguntarle a la vida por su sentido, pues nosotros somos responsables de contestar a la vida. En verdad es la vida la que nos pregunta a nosotros: Y tú, ¿qué haces aqui?

¿Verdad que no tenemos el mismo fin o propósito a lo largo de toda la vida?. Por ejemplo, de niños queremos ser adultos, luego terminar los estudios, o encontrar tal trabajo, la pareja, viajar, … pero cuando los fines son tan cotidianos, en breve o un poco menos breve plazo, sobreviene el temido aburrimiento, un aburrimiento que cubrimos con múltiples actividades carentes de propósito todo el tiempo que podemos. Es curioso que los animales no se aburran, excepto los que están enjaulados. ¿Será que el hombre está también enjaulado? ¿Y quién lo ha enjaulado? ¿Nosotros mismos? Nadie se aburre cuando tiene un propósito, aunque sea el más elemental de preservar la vida, nadie se aburre en una crisis, y en las situaciones difíciles solemos ser increibles

Existe un riesgo al enseñar la teoría de que el hombre no es sino el resultado de sus condiciones biológicas, sociológicas o el producto de la herencia y el medio ambiente. Esta concepción del hombre hace de él un robot, no un ser humano, y al hombre se le niega la libertad. Hay tres teorías deterministas ampliamente aceptadas, que independientemente o en combinación pretenden explicar la naturaleza del hombre. El determinismo genético dice básicamente que la causa de como somos proviene de los abuelos. Esa es la razón de que tengamos mal genio. Esta en el ADN. El ADN pasa de generación en generación y lo hemos heredado, a no ser que por azar se cuele una mutación genética cuyo resultado es más que incierto. El determinismo psíquico dice básicamente que los motivos se enraizan en los padres, la educación, nuestras experiencias infantiles que compusieron nuestro carácter. Así que llegamos tarde a los compromisos, porque un castigo de pequeños nos traumatizó, o por otro trauma somos introvertidos, aunque a veces nuestra hermana gemela (mismos genes y educación) sea ¡tan sociable! ¿O no será mi hermana gemela?. Y aparece también el determinismo ambiental que dice que la culpa es del jefe, del ambiente de trabajo, de la situación económica que estoy pasando, alguien o algo del ambiente es responsable de mi situación.

No pretendo desvalorizar posibles influencias, pero todos estos mapas se basan en la teoría estímulo-respuesta de los experimentos de Pavlov. Hay una historia ejemplificadora de un psiquiatra: Victor Frankl, era un determinista, educado en la tradición de la psicología freudiana según la cual lo que nos sucede de niños da forma a nuestro carácter y gobierna nuestra vida. Era también judío y estuvo encerrado en campos de concentración nazis donde experimentó cosas tan repugnantes que nos parecen inconcebibles. Sus padres, su hermano y su mujer murieron en los campos, en cámaras de gas. El fue torturado y sometido a humillaciones, sin saber si en el momento siguiente lo llevarían a la cámara de gas. Un día, desnudo y solo en una pequeña habitación, empezó a tomar conciencia de lo que llamó la libertad última, esa libertad que los carceleros no podían quitarle. Ellos podían controlar todo su ambiente, hacer lo que quisieran con su cuerpo, pero no con él, en su interior podía decidir cómo le afectaba todo aquello. Entre lo que sucedía (estímulos) y la respuesta, estaba él, su libertad, su poder para cambiar una respuesta automática, porque el ser humano es autoconsciente.

Victor Frankl mediante disciplinas mentales como la memoria y la imaginación ejerció su pequeña y embrionaria libertad, que creció hasta llegar a ser mayor que la de sus carceleros, que tenían libertad exterior, pero él tenía la más poderosa de todas, la interior. Se convirtió en un ejemplo para quienes lo rodeaban, incluso para algunos guardias. Ayudó a otros a encontrar un sentido a su sufrimiento y dignidad en su vida de prisioneros. En las más degradantes circunstancias imaginables, Frankl usó el privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre: entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir.

En el hombre existe algo más: Un espíritu. Todo ser humano tiene la libertad de cambiar algo en cada instante, y uno de los rasgos principales de la existencia humana es la capacidad para elevarse por encima de las condiciones biológicas, psicológicas o sociológicas y trascenderlas. Porque es verdad que no tenemos más remedio que heredar los genes de nuestros padres, pero no estamos obligados a heredar sus imperfecciones morales. La libertad nos hace responsables, nos toca hacer algo, nos toca dar, nos toca amar, no tanto ser amados, no podemos pedir solo ser respetados, sino respetar.

Hay otro poder presente en los seres humanos que sirve para superarnos: nuestros sentimientos elevados, que a veces simplificamos con la palabra amor, y en él englobamos las fuerzas más poderosas que existen en el Universo. Algunas personas creen que la naturaleza humana es agresiva. No estoy de acuerdo, creo que, desde nuestro nacimiento hasta el último de nuestros días, la compasión y el afecto humano son factores cruciales en nuestras vidas.

Si nos fijamos en nuestra estructura física, nos daremos cuenta de que los seres humanos cuentan con una característica única: la sonrisa, que es una expresión de felicidad y de calidez.  Según los neurocientíficos, son los profesores que no solo nos enseñan sino que lo hacen con sincero afecto humano, los que calan más hondo en nuestra memoria. Más tarde al hacernos mayores, a veces nos sentimos totalmente independientes, no necesitamos ayuda y descuidamos el valor del afecto. Nuestro corazón no ha avanzado a la par que nuestra vida. El mundo de hoy es complicado y con mucho sufrimiento debido a la falta de sentimientos.

No estoy refiriendome a ser dependiente del cariño, de la aceptación de los demás, o que nuestro “sentido de vida” y seguridad provengan de la opinión que tengan de nosotros. Hay que ser independiente no solo física, y emocionalmente sino mentalmente, puedo solucionar mis problemas, y expresar mis pensamientos sin la ayuda de otros. Es fácil ver que la independencia es más madura que la dependencia. Pero la independencia no es infalible, pues la vida es interdependiente, es decir si trabajamos juntos, logramos mucho más que solos. Emocionalmente, no dependo de la aprobación, pero soy capaz de dar amor y recibirlo. Intelectualmente, pienso por mi mismo, pero acepto las ideas de otros y me amplio. La interdependencia es una elección que sólo está al alcance de las personas independientes. Y además es el modo más claro y natural de contrarrestar los sentimientos de vacío en vuestra vida: ayudando a otros. Es un camino humano que nos lleva a superarnos y sentir verdadera satisfacción con nuestra vida. ¡Intentemoslo!

 

Sara Ortiz Rous

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Reforestación

 

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      En el reciente día 15 de marzo  se realizó conjuntamente con el ayuntamento de Inca una reforestación de Es Serral de Ses Monges en la misma ciudad. Estuvieron presentes veinte dos voluntarios del colectivo y muchos habitantes de la localidad.

      Fueron plantadas más de cien árboles de especie mediterranea. ¡Ahora a cultivarlas!

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